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martes, 16 de noviembre de 2010

Capitulo 10, primer día de clase

Domingo, 11 de septiembre. Mañana comenzaré las clases y la verdad, estoy bastante nerviosa, ya que esto es nuevo para mi, y no se como me tratará la gente de aquí.
Me acosté sobre las 10, ya que quería ir descansada el primer día de colegio.
-Pipipi, pipipi. – ohh ¡maldito despertador! Dije en voz alta. Lo apagué, y empecé a vestirme. Me puse mis pitillos vaqueros claritos, una sudadera rosa, ya que hacia un poco de frío, y unas victoria rosas a juego.
Me peiné rápidamente, y bajé a desayunar.
-¡Mamá el desayuno!
-Ya voy cariño.- me respondió ella.- Toma aquí tienes, te he preparado tortitas.
-¡Gracias! – le respondí mientras me las comía. Estaban buenísimas.
-¿Has preparado ya la mochila que te compré?
-¿Qué? ¿Tengo que llevar mochila? ¿Para que?
-Para guardar los libros cariño.- me respondió ella.
-Pero, yo pensaba que no necesitaría libros, ya que solo me iban a enseñar a usar mis poderes…
-Cariño, aparte de eso, también darás matemáticas, lenguaje, ingles… ya sabes, lo principal.- me cortó.
-Pero yo creí que eso no haría falta…
- No te vas a librar de esas asignaturas tan pronto, todavía eres joven, y necesitas aprender.
-Vale…- dije entre regañadientes. Balla rollo. Yo que pensaba que iba a ser todo diferente, y resulta que voy a tener que dar las asignaturas que más odio. Pensé enfadada.
-Bueno, pues me voy a preparar la mochila.
-Los libros están en el cajón de tu habitación. ¡Date prisa, o llegaras tarde!
-De acuerdo…
Eché a correr hacia mi cuarto, y preparé la mochila en dos minutos.
Mire mi reloj, las 8:15.
-¡Ohhh! – Exclamé.- ¡voy a llegar tarde!
Bajé las escaleras hasta la puerta de la calle, y salí. Allí estaba mi madre, con un coche azul cielo, que hacia juego con sus ojos, esperando para llevarme a Wasserfall.
-¡Vamos Annie! Móntate.
Abrí la puerta del coche, y me monté.
Tardamos unos 10 minutos en llegar. Me dejó en la puerta del colegio, y se marchó dándome un beso en la mejilla.
-Adiós mamá. ¡Te quiero!
-Bueno, ya estoy aquí.- dije en voz alta. Estaba muy nerviosa.
Me aproxime a la puerta de la entrada y alguien me tocó por la espalda.
-¡Hola! – me dijo una chica de pelo castaño.
-Hola- le respondí.
-¿Tu eres Annie? – me preguntó.
-Si… pero… ¿Cómo lo sabes?
-Nos informaron que vendría una chica nueva, el hada guardiana, para ser exactos. En cuanto te vi, supe que eras tú. – Me respondió.- yo me llamo Layla.- me dijo sonriendo mientras me daba dos besos.
-Encantada Layla.- Estaba muy contenta, mi primer día de colegio, y ya tenía una amiga, que encima, era encantadora.
-Bueno, ¿bienes con migo? He mirado el horario, y en la mayoría de las clases, estamos juntas.
-De acuerdo. – le respondí con una amplia sonrisa.
-Venga que te enseño el sitio.
Entramos a dentro y, ¡era enorme! Menos mal que estaba ella para guiarme, sino, me perdería.
-Anda, mira a quien tenemos aquí.- dijo una chica rubia que se acercaba hacia nosotras.- ¿Tu eres la famosa Annie?
-Ehhh, si…
-Valla, te esperaba mas… no sé… más espectacular. Y encima, vas y te juntas con esta cateta.
-¿Qué dices? Ella no es ninguna cateta.- le respondí furiosa. ¿De que iba esa tía?
-mira Jessy, haz el favor de dejarnos tranquilas, y no te metas donde no te llaman. - le respondió Layla.
Cogimos, y nos largamos de allí, dejándole con la palabra en la boca.
-¿Quién era esa?- le pregunté.
-Jessy. Es la típica niña pija y consentida que lo tiene todo. Se cree la mejor, simplemente por ser una de las brujas más poderosa del colegio.
-que estúpida...- le respondí.- veo que por mucho que esto sea un colegio para gente especial, las costumbres típicas no cambian.
-Pues no. Parece ser que es una norma que en todos los colegios haya una persona como Jessy. Pero bueno, tú a ella ni caso, y listo.
-Vale.
Seguimos caminando por el pasillo, y llegamos a las taquillas. Unas taquillas verdes, y muy grandes.
-Mira, esta de aquí es tu taquilla.- me dijo señalando la numero 136.- y esta de aquí, la numero 138, es la mía.
-Vale.
-Toma, me lo dio el director, es la combinación para poder abrirla.
-Gracias.- le dije mientras la miraba. Abrí la taquilla, y guarde mis cosas.- enserio, gracias por todo lo que estas haciendo.
-Tranquila hombre, no es nada. Además, sabia que seriamos muy buenas amigas.- me dijo sonriendo.
Le devolví la sonrisa, y nos fuimos a la clase de sociales.

Capitulo 9

Me subí a lomos de él, y comenzó a galopar a la velocidad del rayo.
Traspasamos el parque y llegamos a un bosque.
Lo atravesamos sin problema, ya que Athos se sabía el camino perfectamente. A medida que lo cruzábamos pude contemplar un pequeño pueblecito. Era como una pequeña aldea. Rodeada de árboles frutales, sobre los cuales se podían vislumbrar pequeñas ardillas saltando de unos a otros.
Según llegamos, Athos aminoró el paso. Comenzó a andar lentamente,  y se dirigió hacia una pequeña casita de piedra. Se paró frente a ella, y relinchó, dándome a entender que habíamos llegado.
Me bajé y lo acaricié.
-muchas gracias.-le dije sonriendo.- a sí que, esta es la casa de mi madre.- dije en voz alta mientras la observaba.
Era bastante grande, algo que no me lo esperaba, ya que mi madre vivía sola.
Era muy bonita. Tenía un jardín en el que se encontraba una fuente de la cual no dejaba de derramar agua.
Un sendero sinuoso flanqueado de piedras de colores conducía hasta la puerta principal.
Enganché las riendas de Athos en un poste cercano y me acerqué a la valla para tocar el timbre.
-¿Quién es?- dijo una mujer de voz muy fina.
-Ma…ma…mamá ¿eres tú?
-¿Quien habla?
-Soy Annie…tu hija…
-Annie, Annie cariño…- dijo tras abrirme la puerta.
Empujé hacia dentro y me acerqué a la casa por el caminito que llevaba hacia ella.
Vi que en la puerta se encontraba una mujer de unos 35 años más o menos. Stephanie, esa era Stephanie, mi madre.
Completamente diferente a mí. Rubia, tez pálida y ojos azules. Muy guapa.
-¡Mamá!- le grité mientras echaba a correr para abrazarla.- mamá te he echado tanto de menos durante todos estos años.- dije entre sollozos.
-Yo también cariño, no sabes lo que me dolió tener que abandonarte.- dijo. La miré y pude ver como una pequeña lágrima asomó por su ojo azul cielo y recorrió la mejilla, hasta desparecer.
Le abracé todavía más fuerte.
-Papá y la abuelita te abran cuidado bien ¿no? ¡Que si no se enteran!-dijo mientra me guiñaba un ojo.
-Claro que si mamá.- y nos echamos a reír.
-Venga hija pasa, que tenemos que hablar.
-De acuerdo.
Entramos a la casa y pude observar que por dentro era bastante común, pero bonita. Un pequeño pasillo, llevaba hacia la sala de estar. Esta era enorme, y decorada con muebles de madera que le daban un toque rustico y moderno al mismo tiempo. Muy acogedor, pensé.
Nos sentamos en el sofá y mi madre me sirvió pastas para comer. Deliciosas, por cierto.
-Bueno hija, entonces, ¿que es lo que te han contado Fran y Margarethe?
-Pues, me contaron que hace muchos años, tú venciste a lord William, enviándolo a no se donde…
-Si, le envíe al lugar Sin Nombre.- me cortó
-¿Qué? ¿A dónde? Papá y la abuela no me contaron eso…
-Veras, es un sitio espeluznante. El lugar que le pertenece a el, ya que a echo cosas horribles. Yo cumplí con mi deber, pero él consiguió escapar.
-Si. Lo sé. Eso ya me lo han dicho. Mamá, yo lo que quiero saber es, ¿Qué tengo que hacer yo?
-Veras hija, nosotras, hadas guardianas de Mandilia, podemos obtener un enorme poder, y ese poder se obtienen através de las perlas de la naturaleza.
-¿Perlas de la naturaleza?
-Si. Espera aquí, vengo en un momento.- vi que se levantó y comenzó a subir las escaleras. Al de dos minutos, la pude ver bajando por ellas.
-Toma hija, esto te pertenece.- me dijo mientras me daba una pequeña cajita verde.
-¿Qué es?- le pregunté extrañada.
-Ábrelo.- me dijo. Lo hice y para mi sorpresa, me encontré con un reluciente collar dentro de ella. Era precioso. De color rosa y con forma de corazón. En el centro de este se encontraba dibujado otro más pequeño, formado por 8 puntos morados. Excepto dos de ellos, los dos primeros, que eran de colores diferentes.
-Ohh mamá, es precioso.-dije ilusionada.- pero, ¿porque estos primeros puntos de aquí son diferentes?- le pregunte mientras le señalaba el colgante.
-Pues veras, para poder vencer a lord William, como ya te dije antes, hay que obtener las perlas de la naturaleza. Cada perla tiene un poder especial. Yo las conseguí, y uniendo sus poderes pude vencerle. Después, devolví las perlas a la naturaleza, excepto dos de ellas, que las conservé en el colgante para cuando tu lo obtuvieras. Estas perlas de aquí contienen el poder del aire y el de la tierra.
Debes volver a recuperar las 6 perlas restantes. Cada vez que aparezca una nueva, el colgante comenzará a brillar para avisarte.
Debes andar con mucho cuidado, ya que lord William hará lo posible por robártelo y hacerse con el poder de las perlas.- me dijo en tono serio.
-De acuerdo.- le respondí. La verdad que tenía bastante miedo.
-Ah espera, casi se me olvidaba. Esto también es para ti.- dijo mientras me daba una especie de papel.- es el mapa de mandilia, él cual te indicará en que zona se encuentra cada perla.
-Pero mamá, ¡yo no puedo hacer todo esto sola! ¡Ni siquiera se como utilizar mis poderes!
-Tranquila Annie, no te preocupes. Veras, no lo harás sola, tendrás a alguien que te ayudará. Será una persona muy poderosa, al igual que tú, y juntos lograreis vencer a lord William. No te puedo decir quien es, porque no lo sé, pero en cuanto veas a esa persona, la reconocerás.-me respondió. ¡Anda! Tal vez, aquel chico del parque…
De ahí mi reacción al verle. La conexión que me impulsa hacia él. Pensé ilusionada.- y el tema de tus poderes, no te preocupes, aprenderás a utilizar parte de ellos en la escuela de Wasserfall.
La otra parte la iras aprendiendo con el tiempo por tu cuenta.
-De acuerdo.- le respondí. ¿De verdad tenia que hacer todo esto? Madre mía, que locura, pensé.
-Por cierto, ya te he inscrito en ella. Comenzaras las clases el lunes.

Capitulo 8

Nos sentamos en el sofá.
-Veréis, he decidido haceros caso. No estoy muy convencida, la verdad, ya que todo lo que habéis dicho es muy difícil de creer, pero voy a hacer un esfuerzo.
-Cariño. Muchas gracias, estamos muy orgullosos.- dijo mi padre muy entusiasmado.
-Siento la forma con la que os traté en el hospital, enserio.- me volví a disculpar.
-Tranquila Annie, eso ya a pasado. Además, yo también me pondría como tú.- me dijo mi abuela.
-Sabemos lo difícil que ha sido para ti despedirte de tus amigas.-dijo mi padre.
-Ya…-dije un poco triste.- por cierto papá, ¿como sabes tú sobre aquel chico que vi en el parque?
-pues verás, tu madre nos lo contó. Ella te vio a través de un conjuro que hizo.
-ahh… vale.-respondí tímidamente. Decidí no darle más importancia a ese tema, a si que, lo deje de lado. -bueno, entonces… ¿Qué tengo que hacer ahora?
-visitar a tú madre.- respondió mi abuela.
-pero, ¿Cómo? No sé como se va allí, y ni siquiera sé donde está el portal.
-tranquila. Ahora vengo- dijo mi abuela mientras se levantaba y se dirigía hacia su cuarto.
Volvió al de dos minutos y con ella traía un papel doblado.
-toma Annie, esto es un mapa de Nueva York. Te indica en que zona se abre un portal.
-de acuerdo.-respondí cogiendo el mapa.- y una vez de estar en Mandilia, ¿Cómo llego a donde se encuentra mamá?
-no te preocupes.-respondió mi padre.-cuando atravieses el portal, silba con todas tus fuerzas.
-¿silbar? ¿Para que? - respondí extrañada.
-veras, cuando se marchó tu madre, compró un caballo, al que lo llamó Athos. Lo domó y lo enseñó. Decidió que cuando cumplieras tus 15 años y cuando supieras toda la verdad, te lo regalaría. Ahora te pertenece. Siempre que silbes, acudirá a ti. El te llevará a donde desees. Solo tienes que decírselo.
-¿de verdad que tengo un caballo?- respondí ilusionada. – ¡yo siempre quise tener uno!
-pues ya lo tienes.- me respondió él, sonriendo.
-genial.
-Annie. Otra cosa.- dijo mi abuela.- te quedarás allí a vivir. Con tu madre.
-¿Qué? Pero, no puedo. ¿Y vosotros? ¿Por qué no venís?
-veras Annie, nosotros somos personas normales, no tenemos poder alguno. No podemos entrar en Mandilia.
-pero… yo no quiero separarme de vosotros.
-tranquila, podrás venir a visitarnos siempre que quieras. Solo tienes que cruzar el portal.
-de acuerdo.-respondí un poco triste. Me apenaba la idea de abandonarlos.
-pero ¿mis cosas?
-ya nos hemos ocupado de eso. Toda tu ropa está ya en la habitación de la casa de tu madre.
-a vale. Y, no iré a la escuela ¿no?
-claro que vas a ir. Pero no aquí. Iras a la escuela de Wasserfall.
-¿Wasserfall?
-si. Es una ciudad que se encuentra a dos kilómetros de kingdalia, pueblo donde vive tu madre.- Respondió mi abuela.
-en la escuela aprenderás a usar parte de tus poderes, ya que la otra parte, la obtendrás de otra forma. Eso te lo explicará tu madre.
-y… ¿habrá mas gente como yo allí?
-no… como tú no. Ya te dijimos que solo hay un hada guardiana cada milenio. Pero sí habrá gente especial. Sirenas, vampiros, magos etc.
-a de acuerdo. –dije. Genial. Yo iba a ser la única diferente allí. Habrá grupos de sirenas, de vampiros… y yo iba a estar completamente sola. Ojala alguien me acepte en su grupo… pensé tristemente.
-cariño…-dijo mi padre.- ten mucho cuidado. No sabemos quien puede estar buscándote para atraparte. Lord William ha podido enviar a más secuaces suyos. Por favor, ten mucho cuidado.
-de…de acuerdo.- dije un poco asustada.
-pues ya está. Ya lo sabes todo. Es momento de que te pongas en marcha.
-vale. – les di un abrazó y un beso a cada uno, cogí el mapa y mi móvil, y me marché.
Salí del portal y me senté en unas escaleras que había cerca. Contemplé el mapa y al de 5 minutos una luz azul comenzó a brillar. “debe ser un portal” pensé. Se encontraba en Brooklyn, a 7 minutos andando de donde me encontraba.
Empecé a caminar, y efectivamente, allí estaba el parque.
Entré y miré a los alrededores, con la esperanza de ver al chico, pero no fue así, el no estaba.
El parque se encontraba completamente vacío.
Hice caso a lo que me dijo mi padre y silbé con todas mis fuerzas. A lo lejos escuche el galope de un caballo.
Lo vi aproximándose hacia mí. Un caballo esbelto, negro y de crines largas. Precioso. Nunca había visto un caballo como aquel. Su pelo negro relucía bajo los rallos de sol.
Se detuvo delante de mí, relinchando.
-hola Athos. -le dije mientras lo acariciaba.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Capitulo 7

¿Qué me estaba pasando? ¿Por qué a mí? ¡Mi padre y mi abuela, los dos estaban locos!
Tardé unos veinte minutos en llegar a casa, ya que no me sabía el camino y tuve que preguntar por la dirección.
Me encontraba a dos manzanas de mi casa, y entonces, volví a ver el parque. Aquel parque de árboles con flores rosas y negras, el que mi abuela y mi padre decían que era un portal.
Sentado en un banco se encontraba un joven. Él. El chico misterioso.
Levantó la cabeza, y me miró. Sus brillantes ojos se clavaron en mí provocando que mi corazón se desbocara, y empezara a latir a la velocidad de una locomotora.
¿Y si mi padre tenía razón? ¿Me estaría empezando a gustar aquel desconocido?
Sin pensármelo, eché a correr, quería llegar  a mi casa y encerrarme en mi cuarto.
Necesitaba olvidarme por un instante de todas las locuras que me habían pasado.
Llegué al portal de casa, y cuando tenia la intención de abrir la puerta para poder entrar…
-¡Oh, oh! - Dije. – mis llaves, no están. Se me han debido de caer cuando eché a correr. ¡Joder! Todo me tiene que pasar a mí.-dije de mala gana.
Me di la vuelta, y empecé a caminar, buscando mis llaves por todos los lugares por donde había pasado.
Llegué al parque, sin haberlas encontrado. Decidí entrar.
Tal vez el viento las hubiera arrastrara asta dentro, aunque era muy poco probable.
Otra vez aquella sensación extraña. Y sí, la gente había vuelto a desaparecer.
No le encontraba solución lógica alguna, salvo la de mi abuela: es un portal que lleva a Mandilia. Algo completamente difícil de creer.
Empecé a buscar mis llaves por los alrededores, y de repente alguien me toco por la espalda.
-¿esto es tuyo?- me preguntó. En la mano sostenía mis llaves
-s…si.- conseguí pronunciar. Era él. Mi corazón volvía a latir a mil por hora. Intenté tranquilizarme, pero no hubo manera.
-se te cayeron cuando echaste a correr. – dijo mientras me las daba.
-gracias- le respondí tímidamente, con una pequeña sonrisa, la cual, me la devolvió.
A pesar de que la sonrisa fuera pequeña, era perfecta. Nunca había visto nada parecido.
-oye…co… ¿como te llamas?- conseguí preguntarle.
Silencio. El ya no estaba, se había marchado, había estado tan profundamente metida en mis pensamientos, que ni me había dado cuanta.
Que rabia, pensé. La próxima vez que lo vea, procurare no quedarme tan atontada.
-si es que lo vuelves a ver Annie.- me dije a mi misma en voz alta, tristemente.
¡Si! Si que lo volveré a ver. Tengo que volver a verle, sea como sea.
Había una conexión cada vez que le veía, algo que me impulsaba hacia él. Era tan perfecto. Supongo, que me estaba empezando a gustar.
Llegué a casa y entré en mi habitación. La casa estaba vacía, todavía no habían llegado.
Me tumbé en mi cama y empecé a pensar en todo lo que me había sucedido hasta ahora.
¿Y si era verdad? ¿Y si el mundo dependiera de mí?
-No, no, eso no puede ser. Yo no soy más que una simple chica corriente.- me dije a mi misma.
Pero entonces… ¿que explicación tiene todo lo que me sucedió? La sensación extraña del parque, como la gente desaparecía cuando yo entraba en él, aquel chico, la conexión que me impulsaba hacia él, aquel Levinn o como se llame que me había atacado…
Tal vez tuvieran algo de razón, aunque fuera solo un poquito.
Recordé la forma con la que me hablaban en el hospital. Parecían muy preocupados.
Me siento como una estúpida. Tal vez decían la verdad, y yo solo me había comportado como una cría. Pero es que… ¡es todo tan difícil de creer!
-Ding dong.- se escuchó. El timbre.
Fui a abrir. Eran mi padre y mi abuela. Sabían que había vuelto a casa.
-hola papá, hola abuela- les dije sintiéndome un poco culpable por como les había tratado.
-Hola Annie.-dijeron los dos.
-Veréis… siento como os traté en el hospital…
-tranquila, nos lo esperábamos.- respondió papá. Sabemos que es difícil de creer, y tal vez, te lo teníamos que haber contado antes de mudarnos…
-si, en eso estoy de acuerdo.- le respondí.
-pero Annie, tu crees, ¿Qué nos hubieras creído? Si te  hubiéramos dicho que nos mudábamos por esa razón, no hubieras querido venir de ningún modo.
-bueno… si… tienes razón.
-siento haberte mentido.-respondió el mientras me daba un abrazo.
Se lo devolví, y después les miré a los dos, muy seriamente.
-veréis, papá, abuela, he tomado una decisión.

Capitulo 6, están locos.


Después de lo que me sucedió con aquel parque,  después que me golpeará aquel bicho, empecé a creer que estaba loca. Pero ahora… ahora me doy cuanta de que no soy la única. ¡Mi padre está todavía más loco que yo!
-Papá, ¿Has perdido la cabeza? Me estas diciendo, que mamá es un hada, un hada guardiana, con poderes mágicos, que me abandonó para que aquel tal William como se llame no escapara de su “prisión”, pero que no lo consiguió y que ahora yo soy la nueva hada guardiana, la única que lo puede mandar de vuelta a no sé que sito, para que pueda reinar la paz en el mundo. ¿Eso es lo que me estas intentando decir?
-Si, exactamente eso. Lo has entendido – dijo mi padre entusiasmado.
-Papá, ¿quieres saber lo que de verdad he entendido? ¡QUE ESTAS COMPLETAMENTE LOCO! Enserio, plantéate lo que te he dicho antes sobre hacerle una visita al psicólogo. Creo que tenemos uno al lado de casa, no te vendría nada mal.
-Cariño, esto no es una broma…
-Fran, déjame a mí. – dijo mi abuela. -Annie, entonces, ¿no le crees a tu padre?
-Abuela, ¿tu también? ¿¡Os habéis vuelto todos majaretas!?
-Annie, si lo decimos los dos, es por algo. Si no, ¿como explicas aquel parque que viste? ¿La sensación que sentiste al entrar, y como la gente desapareció? ¿Cómo explicas aquel Levinn que te atacó?
-Pe… pe… pero… ¿Cómo sabes tu todo eso?- Ahora si que me estaba dejando alucinada. Es como si me hubiera seguido por detrás cada vez que salía. – Abuela, no me abras estado espiando, ¿no?
-Annie por dios. Como te voy a espiar yo a ti. Lo sé porque lo que tu padre te ha contado, es verdad. Veras, aquel parque, aquel parque con flores rosas y negras es un portal, un portal que lleva a Mandilia, por eso, cuando entraste tú, seguías viendo las calles de Nueva York, pero sin gente ya que era una ilusión. Estabas en Mandilia.
Después de que salieras de él, lo cerraron. Por eso hoy ya no estaba.
-Bueno… eso tiene algo de lógica. Pero… ¿que es Mandilia?- dije. Tal vez si que decían la verdad. De ahí el mensaje de la fuente del parque...
Espera… ¿que estoy diciendo? ¿Como va a ser verdad eso que dicen? Es imposible, imposible.
- Mandilia es un país donde viven todo tipo de seres fantásticos, sirenas, vampiros, magos, elfos etc. Solo las personas con poderes pueden viajar allí, a través del portal, claro. Por eso, a ti te apareció. Tu lugar esta allí.
Tú madre vive en un pequeño pueblo, llamado Kingdalia. Y ahora lord William está gobernando Lorhmania Quiere obtener el poder máximo, el poder que te pertenece, para así poder crear un ejército de monstruos, y destruir nuestro mundo. ¡Annie, no podemos dejar que eso ocurra! Tú debes salvarnos.
-Pero… yo no sé lo que tengo que hacer…- ¿De verdad he dicho yo eso? ¿Me estoy volviendo loca?
-Debes ir a Kingdalia y visitar a tu madre, ella te lo explicará todo mucho mejor que nosotros. Te necesitamos Annie, eres nuestra única salvación.
-Bueno… no sé…
-Annie, hoy a la mañana, tuviste una pesadilla, ¿no es cierto?- dijo mi padre.
-Si… - En aquel momento, recordé mi pesadilla, y caí en la cuenta de que las descripciones hechas por mi padre y la abuela, apuntaban a que tal vez aquel señor que vi en el sueño, fuera ese tal Lord William.- Papa, tú sabes como es eh… ¿lord William?
-Si. Es alto, de mediana edad, y con una barba larga y blanca.
Abrí los ojos como platos. Perfecto, mi padre acababa de describir a ciencia cierta a aquel hombre. Ahora si que todo me estaba resultando realmente extraño…
-Yo lo vi… ¡en mi sueño! Me llamaba, me buscaba. Y no estaba solo… aquel chico del parque, se encontraba con él. Papa… ¿que significa?
-Significa que debes ir a hablar con tu madre cuanto antes, ella te lo explicará todo con más detalles. - Respondió mi abuela.
-Menos mal que tu madre nos avisó con tiempo y pudimos mudarnos aquí.- susurró mi padre.
-¡¿Qué?!- le grité. Pude ver como mi abuela le pegaba un codazo. –papá, ¿Qué es lo que acabas de decir?
-Eh… Nada hija, nada.
-Papá, te he escuchado. Has dicho que mamá te avisó, y que por eso nos mudamos aquí. Y… ¿sabes lo que pienso? ¡Que estas loco! ¡Los dos lo estáis! tuve que abandonar a mis amigas, las únicas amigas que tendré en toda mi vida, ¿por esto? ¿Por esta mierda? ¿Porque se supone que tengo que salvar el mundo?
Y a John, tuve que decirle que me olvidaría de el, perdí la oportunidad de estar con el… ¿Solo por esto? – les grité.
-Annie…
-¡Annie no, papá! me mentiste. Dijiste que tu trabajo era malo, y que por eso nos mudábamos. Yo te creí, y puse de mi parte para que todo saliera bien. Y ahora me entero que nos mudamos porque soy una especie de ¿hada? ¿La única capaz de vencer a ese tal William?  Has perdido el juicio.
-Lo que te decimos es verdad. Es muy importante, además, tu a John no le quieres, para ti el no significaba nada. Tú te creías enamorada de el, pero no era así. Lo único bueno que tiene ese chico es su físico, nada más. Además, perfectamente sabes que estas empezando a sentir algo por aquel chico del parque.
Palidecí al instante.
-¿Qué? ¿Co-como sabes tu eso? Además, ¡no importa! y mis amigas ¿que? ¡Las he abandonado por nada! ¿No entiendes que yo no soy nada de lo que tú dices? Es imposible. ¡No soy más que una chica normal, a la que le han arruinado la vida! –Exclamé llorando. Estaba muy furiosa.
-Por favor Annie, piénsalo, te decimos la verdad. ¡Es importante! Eres la única que puede salvarnos…- dijo mi abuela.
-Si no vences a lord William, ¡nos matará a todos!- le cortó mi padre.
-Perfecto, que lo haga. Yo no pienso hacer nada para impedirlo.- susurré, pero no me escucharon ya que me encontraba apenas a dos pasos de la puerta.
La abrí y me marché dando un portazo a mis espaldas.

Capitulo 5, mi verdadera identidad


-Fran, lo que le a sucedido a Annie, ha sido horrible.- le dijo mi abuela a mi padre.
-Si Margarethe, lo sé. No debí dejarla salir. - le respondió el. - No pensé que iba a empezar todo tan pronto. Hace apenas dos días que nos mudamos. ¿No podían esperar a que nos acostumbráramos a nuestro nuevo hogar?
-Tranquilo, no te preocupes. Todo saldrá bien. – le dijo mi abuela tranquilizándolo.
¿Qué? Esa… esa era la voz de mi abuela. Pero… ¿donde estoy?
Un momento. ¡No estoy despierta! Pero puedo escuchar.
¿Que me ha sucedido?
Intenté recordarlo y caí en la cuenta de que me había desmayado.
Si. Ahora lo recuerdo. Me choqué con algo, me hice una brecha y después… ¡o no! Después vi a aquella cosa extraña, aquel bicho asqueroso y entonces fue cuando me desmayé. 
 -Mira, yo creo que lo mejor es que le cuentes toda la verdad.
-¿Tu crees? No se si este es el momento adecuado.
- Si Fran,  si que lo es. Cuanto más esperes, mas peligros correrá. Debes decírselo.
¿De que están hablando? ¿Hablan sobre mí?
Debo despertarme. ¡Debo hacerlo ya, ahora mismo. Necesito saber que es lo que me tienen que contar. Vamos Annie, despiértate ¡despiértate!
-Annie, ¡te has despertado! – dijo mi padre dándome un abrazo.
Si lo he hecho. Como, ni idea, pero lo había conseguido.
-Estábamos muy preocupados- dijo mi abuela.
-Lo siento…. ¿Dónde estoy?
-Estas en el hospital, un hombre te vio tirada en la acera sangrando, y llamó a la ambulancia.
-Ay.- exclamé. Me dolía la herida, que ya estaba cosida y vendada.
-Menuda avería te has hecho.
-Pues si. Pero veréis, papá, abuela, se que esto parece una locura, pero algo me golpeo por la espalda, y entonces fue cuando me caí. Después me gire y lo que vi fue espantoso. Una especie de bicho gigantesco con forma de lagarto. ¿Os lo podéis creer?
-¿Un bicho gigante?- dijeron los dos en unísono.
-Eh… si. - ¿Qué era lo que acababa de decirles? ¿Como podía haberles contado que me había chocado con un bicho, si ni siquiera sabia si había sido real o no? Podría haber sido por culpa del golpe. – Bueno… no. Nada, dejarlo. No me hagáis caso. Seguramente fue mi imaginación, parece ser que últimamente tengo más de lo habitual.
-Bueno… respecto a eso, tenemos que hablar. Veras, todo lo que te ha estado sucediendo últimamente, tiene una explicación.
-Hombre… una explicación supongo que tendrá, pero que sea lógica… de eso ya no estoy tan segura. Papá, por cierto, Os he escuchado hablar. No se como ni porqué, pero oía todo lo que decíais. Hablabais de mí, ¿No es así?
Los dos estaban alucinando.
-Si, es alucinante. Ahora hacer el favor de contármelo.
-Está relacionado con lo que te a sucedido estos dos últimos días pero… No se si este es un buen momento.
-¡FRAN!- Le chillo mi abuela.- Si que es un buen momento. Deja de dar rodeos y  díselo ya.
-De acuerdo mamá. Veras Annie, ¿Dices que te golpeo una especie de bicho con forma de reptil?
-Si.
-Lo que te golpeo, fue un Levinn, una especie de criatura de más de dos metros de altura, con forma de lagarto, dientes afilados, y ojos color ámbar.
-Eso… ¡Eso fue lo que vi! Pero, espera, ¿Cómo lo sabes? ¿Tú también lo viste?
-No exactamente.
-¿Entonces? ¿Cómo sabes lo que era? Era tan irreal… Como un monstruo que quería devorarme, bueno de hecho estoy segura que era lo que quería. No entiendo como no lo hizo…- le expliqué horrorizada. Deseaba borrar aquella desagradable imagen de mi mente, pero era imposible. Se quedaría grabada ahí durante toda mi vida.
 -Lo sabemos cariño, y lamentablemente, tengo que decirte que era real.- dijo la abuela.-Es uno de los muchos que forman parte del ejercito de lord William. Lo envió para atraparte, pero por suerte, no lo consiguió.
-Mira Annie, lamento decirte esto, y espero que no te enfades por ello, pero… te mentimos.-Dijo mi padre, con una expresión triste en el rostro.
-Espera, No me estoy enterando absolutamente de nada. Las cosas por partes por favor. Aclárame eso de mentirme.
- Pues, haber como te digo yo esto. Sobre el tema de tu madre, tu identidad… y sobre todas las cosas que te han estado sucediendo durante estos dos días.
-Papá, no es que sea cortita de entendederas, pero sigo sin enterarme de nada.
-Bueno, es el momento de que te cuente toda la verdad. La verdad sobre la razón por la que se marchó tu madre, la verdad sobre aquel parque que viste, y la verdad sobre ti.
-Papá me estas asustando. No sabía que había alguna verdad que saber. Bueno, te escucho.- le dije. Había una cosa que no entendía. Bueno muchas, pero una de las principales era, ¿Como sabía mi padre lo del parque?
-Pues mira Annie, no se por donde empezar.
-Vamos papá. Empieza por el principio.
- De acuerdo, vale. Voy a empezar por lo de tu madre. Ella se fue cuando apenas tenías 4 años.
-Si, lo sé. Nunca quisiste decirme el verdadero motivo.
-No podía. Eras demasiado pequeña y no lo entenderías. Tu madre, se marchó a un lugar, a un lugar lejano. Tenía un gran deber allí, el deber de no dejar escapar a Lord William. Lo mantuvo encerrado durante 11 años, pero ahora, ha escapado.
-¿Qué? Papá, ¿Qué estas diciendo? ¿Sabes? Creo que eres tú el que se ha dado el golpe en la cabeza, y no yo.
-Cariño, no bromees con lo que te estoy diciendo. Es importante. Tu madre… tu madre es una especie de hada, con el deber de vencer a Lord William y poner la paz en el mundo. Ella así lo hizo. Pero ahora, él ha escapado, y tú… tú eres la sucesora de tu madre. Su única hija. Tú también eres un hada.
-¿¡Que!? Papá, esto ya es demasiado. Enserio, vete a un psicólogo o mírate la cabeza o lo que quieras, pero haz algo. No se si será la mudanza o que, pero estas delirando. ¿Te has escuchado hablar? Pareces un completo loco. - le dije un poco alterada. ¿Pretende que me crea que soy… un hada? Aquel ser mitológico, aquel tan hermoso y mágico, aquel con el que todas las niñas han soñado ser en su infancia… ¿Pretenden que me crea que soy uno de esos? Esto es una locura.
-Annie, escucha…
-¡Papá! las hadas no existen. ¡Parece mentira que seas un adulto! ¿No te das cuenta que las hadas solo salen en las películas? Son cosa de crios. ¿Lo pillas?
-No pensaras que hablo de hadas… hadas como campanilla, que viven en el país de nunca jamás… ¿no?-respondió en forma divertida.
-Pues la verdad… es que si. Esa es mi definición sobre la palabra hada.
-Bueno si, pero yo no me refiero a ese tipo de hadas. Verás allí en  Mandilia, reino en el que se encuentra tu madre, se les llama hadas a las guardianas del país. Es diferente a las hadas que tú te refieres. Veras, son las únicas capaces de vencer a lord William y llevar la paz. Hay una cada milenio.
Tu madre es la 5 de la generación, ella cumplió su deber, pero no salió del todo bien, ya que lord William escapó. Ella no puede vencerlo de nuevo, por eso, debes hacerlo tú. Tú eres la 6 guardiana, hada de Mandilia.

martes, 12 de octubre de 2010

capitulo 4


Me consumí en un profundo sueño.
pi pi.
¿Que a sido ese sonido?
Abrí un ojo lentamente y me di cuenta de que lo que había sonado era mi reloj de muñeca.
-Maldito reloj. Me has despertado. – refunfuñé.-Espera un momento… ¿Que es esto? – dije mientra me frotaba los ojos. – ¿Donde estoy? Esto no es mi cuarto, es un palacio. ¿Qué hago yo aquí?-Dije en voz alta, extrañada.
Miré al frente y allí estaba él. Aquel chico misterioso del parque.
Se me escapo una pequeña exclamación al verlo y seguidamente me maldije, ya que podían haberme escuchado.
Me escondí tras una columna, y lo observé desde allí, en silencio.
No estaba solo, estaba ablando con un hombre, un hombre de mediana edad, con una barba blanca y larga. Debía de ser un rey ya que se encontraba sentado en una especie de trono decorado con una extraña piel. Piel de un animal, seguro. El hombre vestía una especie de túnica blanca y azul, o algo parecido. Era un poco raro. La primera vez que veía a alguien así.
-¿Dices que viste a la chica? ¿En el parque?- le preguntó aquel hombre.
-Si señor. La vi. Sin duda era ella.
¿De que chica estarán hablando?
CRASH
-¿Que ha sido eso?- dijo el hombre mirando en la dirección donde me escondía.
¡Mierda! ¿Que hacia un jarrón detrás de mí? Maldita torpeza, por tu culpa me han descubierto.
-¡Ella! ¡Es ella!- dijo el chico.
- ¡Annie!- dijo el hombre con una sonrisa malvada – Si, eres tú. Vamos ven, ven aquí.
¿Qué? ¿Me estaba llamando?
Negué con la cabeza.
-¿A no? De acuerdo, entonces voy yo.
¿Qué? No. Se estaba acercando, y yo no me podía mover.  El miedo me había paralizado.
Annie, muévete, me dije a mi misma. Empecé a dar pequeños pasos hacía atrás, sin apartar la mirada de aquel hombre, y del chico perfecto.
-Annie estate quieta. No huyas, no podrás escapar. Annie, ven. Annie…
-¡ANNIE DESPIERTA!- era la voz de mi padre.
-¿Eh? ¿Qué? ¿Donde estoy? ¿Que ha pasado?
- Has tenido una pesadilla, nada más. Tranquila.
Valla... con que una pesadilla. Pues menos mal. Que sueño más raro. Me toqué la frente y me di cuenta de que estaba sudando. Lo había pasado realmente mal.
-Venga cariño que ya son las 11:00 te espero en la cocina, que es la hora de desayunar.
-Vale papá, ya voy.
Cuando terminé de desayunar decidí volver a aquel misterioso parque. La idea no me convencía mucho, pero debía hacerlo. Tenia que conseguir las respuestas a todas mis preguntas.
Me vestí, cogí el móvil y fui dirección a la puerta.
-Me marcho a dar una vuelta. Vengo para la hora de comer.- le dije.
-Vale, pero ten cuidado por favor.
-Tranquilo papá. No me va a pasar nada. – le dije sonriendo.
-Eso espero.- susurró.
¿Cómo que eso espero? ¿A que venia aquello?
Decidí no darle importancia y puse rumbo hacía el parque.
En el camino no dejé de pensar en aquel sueño. ¿Que era aquel palacio? ¿Y aquel hombre? Y lo peor, ¿Qué hacía él en aquel lugar?
Estuve caminando durante un rato, y por fin llegué.
Me quedé helada al darme cuenta de lo que se encontraba frente a mí.
Nada. No había nada. El parque... No estaba, había desaparecido.
Me froté los ojos, por si estaba teniendo una alucinación, pero no. El parque se había esfumado.
En su lugar, se encontraba una casa pintoresca, con un tejado mas colorido de lo normal y unas ventanas realmente grandes. La parte trasera de la casa la completaba un enorme jardín decorado con gnomos, conejos y ese tipo de estatuas de jardín.
Confundida miré a los alrededores por si me había equivocado de lugar. Pero no era así. Estaba en el lugar correcto.
¿Me estaría volviendo loca? Aquella pregunta no dejaba de darme vueltas y vueltas. No podía ser. Aller había un parque, y hoy... Por arte de magia o lo que dios quiera, ya no estaba. Y para colmo, en su lugar se encontraba una casa que parecía salida de una película campestre.
¿Qué era todo esto?
Desde que llegué a Nueva York, solo me pasaban cosas extrañas y eso que apenas llevaba dos días.
 -Tranquila Annie, no es nada. Seguramente abran decidido demoler el parque porque no iba casi nadie, y en su lugar han construido una casa, para una familia que se acaba de mudar al igual que tú.- dije para tranquilizarme. ¿Para tranquilizarme? Lo que acababa de decir no tenía ni pies ni cabeza. ¿Cómo iban a construir una casa en tan solo un día? Aquí había algo raro, algo que no encajaba y yo me estaba empezando a asustar.
Ya no podía más. Me estaba empezando a estresar entre tantas cosas.
Pensé que lo mejor seria volver a casa.
Me di la vuelta y empecé a caminar. Crucé tres calles, y cuando tenía la intención de girar a la izquierda, algo me golpeo por la espalda.
Caí y me di de bruces contra el suelo. Mi frente golpeó contra una piedra, provocándome una herida, la cual empezó a derramar sangre.
Me asusté. Odiaba la sangre. ¡Le tenía pánico! De pequeña fui una niña un poco bastante problemática. Es decir, no problemática porque me metía en líos, ni mucho menos, problemática respecto al tema de salud. Al parecer no me alimentaba demasiado bien, y cada dos por tres mi padre me tenía que llevar a urgencias a que me hicieran análisis. Ver mi sangre a trabes de aquella especie de cable transparente y ver llenarse aquellos botecitos con ella, me daba nauseas. Me maree varias veces, y desde entonces, no puedo ni olerla. Y encima ahora tenía una brecha en toda la frente, lo que me faltaba.
Me di la vuelta, todavía en el suelo, queriendo ver con lo que me había golpeado.
En cuanto lo vi, mi corazón dio un vuelco y en la garganta se me formó un gran nudo que me impedía tragar saliva. El pánico me invadió por completo. ¿Que narices era aquello?
Delante de mí se encontraba una especie de bicho, un bicho que nunca antes había visto.
Tenía forma de reptil y… Medía más de dos metros.
Su piel estaba llena de escamas muy juntas, tenía dientes muy afilados y una lengua muy larga. Sus ojos eran terroríficos, de color ámbar y en ellos se reflejaba odio, odio y hambre. Sin duda, aquel bicho tenia intención de devorarme.
-Definitivamente, estoy loca- dije mientras me tocaba la brecha que me había hecho.
Vi que el reptil se acercaba a mí y comencé a sentir frío por mis mejillas. El frío fue aumentando y noté como la tierra comenzaba a dar vueltas y mas vueltas, hasta que finalmente, me desmayé.
Pink Moustache