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viernes, 19 de noviembre de 2010

capitulo 16, ¡no me lo puedo creer!

El viaje se me hizo eterno. Tardamos unos 20 minutos en llegar a Lorhmania. Miré mi reloj. Las 8:30. Eran las 8:30. “Espero que Layla se de cuenta de que no aparezco, y avise a mi madre. Ella sabrá como rescatarme...” Pensé tristemente. Por lo menos, una pequeña esperanza, yacía dentro de mí, pero que muy pronto, se esfumaría.
-Venga niña. Bájate, que ya hemos llegado.- grito Smith, sacándome del trance.
Me empujaron hacia fuera con fuerza provocando que mis piernas fallaran y cayera al suelo. Me hice un rasguño en la rodilla, del que comenzó a brotar sangre.
Gemí.
-Vamos, empieza a andar.- dijo Smith en tono enfurecido, volviendo a empujar de mí.
Volví a gemir.
-Deja de hacer ese estúpido ruidito.
-Ehhh Smith, ¿no crees que es por culpa del pañuelo? Quiero decir… que no puede decir nada mas…-aclaró Christopher.-creo que deberíamos quitárselo…
Smith dudó, pero al final accedió y me bajo el pañuelo dejando mi boca al aire libre.
-Por fin.- Suspiré.
-Si, si.- respondió.- pero como hables más de la cuenta, o digas alguna de tus estupideces, te lo vuelo a poner.
-De acuerdo…
-¡Vamos! ¿No puedes andar a más velocidad o que?- me cortó
-Si… pero es que, ¡me duele la rodilla!- me quejé
-¿A si? Ya lo siento, pero, ¡no es mi problema!
-¿Cómo? ¡Me he caído por tu culpa!- grité enfurecida.
Se me acercó.
-Mira, como vuelvas a gritarme, te vuelvo a poner el pañuelo y- dijo señalando su cuchillo.- ¡te corto la lengua!- dijo en tono amenazante.
-¡No puedes hacerme daño! Tú mismo lo dijiste en el auto. Dijiste que Lord William me quería viva…
-¡Cállate! Me gritó.- Me da igual lo que dijera, yo que tú no me tentaría, puedes llegar a lamentarlo.
Decidí que callarme seria lo mejor.
Después de andar un rato nos detuvimos delante de un río.
Estaba todo demasiado oscuro, pero a pesar de eso, pude ver que nos encontrábamos frente a un enorme palacio.
Nos dirigimos hacia el puente que llevaba directo al palacio atravesando el río.
Smith golpeó la puerta, y acto seguido, se abrió.
Un hombre mayor y vestido de un azul muy oscuro se encontraba tras ella.
-Pasen- dijo en un tono muy siniestro que produjo que los pelos del brazo se me erizaran.
Comenzamos a caminar por un enorme pasillo de paredes rojas y negras decoradas con enormes cuadros.
Smith y Christopher se detuvieron frente a una puerta de mármol, y después entraron.
Nos encontrábamos en un comedor. En el centro de éste yacía una enorme mesa. Observé que al final del comedor se encontraba otra puerta. Una puerta algo diferente a la que acabábamos de cruzar. Era grande, de color beige, y con una extraña forma. Nos dirigimos hacia ella.
Smith, que iba delante, se lo pensó un poco, pero después, la abrió, dejando al descubierto una sala con un enorme pasillo decorado con una larga alfombra roja que llevaba hacia unas 4 escaleras. En lo alto de aquellas escaleras, se encontraba una especie de trono. El trono de mi sueño.
Al lado de éste se encontraban dos personas de pie.
La sala estaba muy iluminada. Demasiado, ya que la luz me cegaba.
Antes de comenzar a andar, les pedí por favor, que me quitaran la cuerda que ataba mis manos. Ya no la necesitaba, no les iba a hacer nada, ni tenia la intención de escapar, ya que sabía a la perfección que no serviría de nada.
Aceptaron mi propuesta, dejando por fin mis manos libres.
Me las acaricié. Las tenía doloridas, y alrededor de las ellas se encontraba una fina línea roja, señal de que mis manos habían sido atadas a presión con una cuerda.
Me empujaron hacia delante, y a medida que nos acercábamos pude observar que un hombre de mediana edad, con cabellos blancos y con una barba blanca y larga, se encontraba sentado en él. Lord William. Aquel era lord William.
Mi corazón comenzó a palpitar muy rápido. Sentí que un escalofrío recorría todo mi cuerpo. Comencé a temblar. Estaba asustada.
Smith y Christopher se detuvieron, y me empujaron, provocando que me cayera y me quedara de rodillas. Intente levantarme y ponerme de nuevo en pie, pero Christopher no me dejo. Me dio a entender, que debía quedarme como estaba, en forma de reverencia hacia lord William.
-Señor, aquí esta Annie, como usted nos mandó.- dijo Smith dirigiéndose hacia él.
-De acuerdo, muy bien. Podéis marcharos.- dijo éste señalando la salida.
-Gracias señor.- y se fueron.
Me giré, y los vi marchar. Había querido deshacerme de esos dos payasos todo el tiempo, pero ahora, en cambio, quería que se quedaran aquí, con migo. De algún modo, temía quedarme sola con lord William. A pesar de aquellas dos personas que yacían a su lado, ya que estaban tan inmóviles, que parecían simples estatuas.
Me puse en pie, y le miré. No dijo nada, simplemente, se dispuso a mirarme. Vi que posó su mirada en mi colgante. Acto seguido, puse mi mano en él, tapándolo, para que alejara su vista de allí.
-Asíque tu eres Annie.- respondió al fin. No le contesté. – Eres completamente diferente a tú madre. Parece mentira que seas su hija.
-Bueno, pues lo soy.- respondí bordemente.
-Ey, ey, ey. Ese carácter muchachita.
-Déjame ir. Yo no tengo nada que hacer aquí.- le contesté con el mismo tono, ignorando lo que acababa de decirme.
-Estás muy equivocada.- dijo mientras señalaba mi colgante.- dámelo, y te dejaré marchar…
-¡Nunca! –Le grité- Nunca conseguirás esto.- una pequeña lágrima recorrió mi mejilla. A pesar de que intentaba parecer valiente delante de él, no se me daba demasiado bien. Estaba muy asustada.
-Eso ya lo veremos- respondió. – Albert llévatela, y enciérrala en las celdas subterráneas. Se quedará allí, hasta que decida darme el colgante, y explicarme su funcionamiento.
¿Qué? No, no ¡no! ¡No podía ser! Toda esperanza de poder salir de allí, se había esfumado. Solo tenia dos opciones, pudrirme en aquellas celdas, o entregarle el colgante y salir de allí, si es que me dejaba salir claro. Pero no podía hacerlo, no podía dárselo.
Un mar de dudas recorría mi mente.
-¡Vamos Albert! Muévete.- gritó sacándome del trance y provocando que posara mi mirada en Albert, un chico de unos 17 años, alto delgado, de tez pálida y de cabellos oscuros y ondulados. Me resultó completamente familiar. En cuanto posó sus ojos en los míos lo supe. Aquellos perfectos ojos que brillaban de una forma mágica eran inconfundibles. Si, aquel chico era el chico con el que me encontré en el parque.
Aquel chico con el que tantas ganas tenía de encontrarme de nuevo.
Unas enormes e imparables ganas de llorar recorrieron mi cuerpo. Estaba angustiada, horrorizada. Hasta hace nada, creía que lo peor que me había sucedido, era encontrarme aquí, que me hubieran atrapado. Sin embargo, en cuanto vi a Albert, cambié de opinión. No había peor cosa, que enterarme de que aquel chico del que me había enamorado, era uno de los ayudantes de lord William, uno de los malos, de los que me querían hacer daño, el que tenia la orden de encarcelarme, y no dejarme salir hasta que entregara mi colgante, y con él, todo mi poder.

martes, 16 de noviembre de 2010

Capitulo 15, atrapada

-¡Soltadme!- les grité.
Comenzaron a reírse.
-¿Quiénes sois? ¿Que queréis de mi?- pregunté un poco asustada.
-Muchas preguntas a la vez.- respondió el hombre de pelo negro y corto, que iba armado con una especie de cuchillo que brillaba bajo el tenebroso callejón. Intenté soltarme, escapar, pero me tenían agarrada, y con las manos atadas.
 – Lord William estará muy orgulloso de nosotros.- dijo el otro hombre, que era mucho mas viejo.
-Lord… Lord… ¿William?-pregunté extrañada.
-Si niña, has escuchado bien, y por favor, deja de hacernos preguntas estúpidas.- respondió antipáticamente el hombre del cuchillo.
-Estúpidos sois vosotros.- susurré. Me escucharon.
-¿Qué ACABAS DE LLAMARNOS?-gritó el que poseía el cuchillo, mientras se abalanzaba hacia mí, colocándomelo al ras del cuello.
-Nada.- respondí.- por favor, ¿podrías apartar eso de mi cuello? Me estas haciendo daño.- dije con tono repulsivo.
-Joder con la niñita. Que carácter tiene. -Respondió el más viejo.
-Mas del que te podrías imaginar, y como me vuelvas a llamar niña, te enteras.- respondí lanzándole una mirada fulminante.-estúpido…- susurré.
-Mira niña, ya me has cansado. –Respondió el hombre del arma.- Cristopher ponle un pañuelo en la boca, no quiero seguir escuchando sus bobadas.-dijo dirigiéndose al hombre mas viejo.
-Bueno, bueno. Está hablando el hombre más inteligente y apuesto del mundo.- le respondí con sarcasmo.
Me gruñó. Y apretó con más fuerza el cuchillo contra mi garganta, provocando que una fina línea de sangre apareciera por ella manchando mi vestido.
-¡Vamos Cristopher! A que esperas. No aguantó más a esta mocosa.
-De acuerdo Smith.-respondió el tal Cristopher.
Vi que se aproximaba hacia mí, dispuesto a colocarme un asqueroso pañuelo en la boca. Sin pensarlo, le mordí en la muñeca, pero no sirvió de nada, ya que, después de gritar, maldecirme y decir mil vulgaridades, me colocó el pañuelo.
Intenté hablar, gritar, pedir ayuda pero de mi boca no salieron más que 3 simples gemidos.
Cristopher y Smith comenzaron a reírse. Me encontraba completamente indefensa. Me sentía inútil, sin poder hacer nada para escapar de aquellos horribles hombres.
Dios, porque tenia que pasarme esto a mí. Yo que iba a pasar uno de los mejores sábados de mi vida, y vienen estos estúpidos, a fastidiármelo todo.
-Vamos niña, que no vamos a pasarnos en ésta callejuela toda la vida.-dijo Smith empujando de mí para que comenzara a caminar.
No tuve más remedio que hacerle caso. Estuvimos andando durante 10 minutos, hasta que se detuvieron, frente a una carretera, en la que estaba aparcado un siniestro coche negro.
-Venga, entra dentro.-me gritó Christopher.
Gemí. No podía hacer otra cosa, ya que el pañuelo que tapaba mi boca, solo me dejaba procesar aquel ridículo ruidito.
Me agarró por el cuello empujándome hacia el interior del auto.
Dentro de éste se encontraba una señora mayor trajeada y de cabellos oscuros como el carbón. No se giró, ni se inmutó, simplemente se dispuso a mirar atentamente por el cristal.
Smith se sentó en la parte del copiloto, y por desgracia, Christopher se sentó en la parte trasera, a mi lado. Era un hombre completamente repulsivo. Vi con la forma que miraba mis desnudas piernas, incluso me percaté, que tenia la intención de ponerme sus asquerosas manos encima. Le lancé una mirada fulminante, con la esperanza de que parara, ya que por culpa del pañuelo no le podía gritar ni decir nada. Hizo caso omiso de mi mirada, y siguió a lo suyo. Yo comenzaba a asustarme. Posó su mano en mi rodilla, y a continuación, se dispuso a subirla lentamente hacia arriba. Cerré mis piernas de golpe, pero aun así, él siguió. Justo cuando tenia intención de tocar mi muslo derecho, Smith le gritó, ya que se había percatado de lo estaba haciendo.
-Deja de hacer tonterías  Christopher. No podemos hacer daño a la chica, Lord William solo nos pidió que se la lleváramos. ¡Nada más!- le dijo Smith.
-Bueno…- dijo avergonzado.- yo no le iba a hacer daño.
-Pero tenías intención de hacer otras cosas. No puedes ponerle la mano encima, ¿me has oído?- le respondió éste.
-Si…
-Cerdo…- intenté pronunciar, pero por culpa del pañuelo, solo salió un simple y ridículo gemido de mi boca.
¿Cuando narices me quitaran este asqueroso pañuelo? Pensé de mala gana.
No podía creer que esto me estuviera pasando a mí.
¿Y si es un sueño? Pensé esperanzada, pero acto seguido, aquella esperanza se esfumó sin dejar rastro. El corte de mi cuello, los hombres, el auto… era todo demasiado real, imposible de ser un sueño. 

Capitulo 14

Nos dirigimos hacia el probador tras coger el vestido.
No tardé nada en probármelo y en cuanto salí, Layla comenzó a gritar emocionada.
-Ehh Layla, por favor, no grites, me estas poniendo en evidencia.- dije avergonzada. Esta chica no tiene remedio…
-Bueno bueno, no es para tanto. ¡Además, es que el vestido te queda perfecto! Es como si estuviera hecho a tu medida.
Me miré en el espejo, y tenia toda la razón. No es por echarme flores ni nada, pero es que, me quedaba genial. No me lo pensé ni dos minutos, y me lo compré, además, era bastante barato.
Fui hacia el mostrador, y me quede perpleja cuando vi a la dependienta.
-Annie, ¿te sucede algo?- me pregunto Layla, que se había percatado de mi reacción.
- No… quiero decir… si… no se… allí… mira…- dije sin poder articular palabra. Le señale el mostrador, y cundo se dio cuenta de lo que me atemorizaba, comenzó a reírse.
Yo no le veía la gracia. Me di cuenta de que estaba temblando…
-Annie, que tonta eres jajaj. Simplemente es una dependienta normal y corriente. – respondió ella para mi sorpresa.
-¿Normal y corriente? Es todo lo que tú quieras, menos normal y corriente.-le repliqué molesta.
-Aquí, todas las dependientas son así. Lo siento, pero es que no me esperaba que reaccionaras así….- dijo disculpándose.
-Ya bueno, tendré que empezar a acostumbrarme a todo esto…
Me acerqué hacia la “dependienta”, y le dí el vestido para que me lo cobrara.
La observe, muy atentamente. Tenia una tez muy pálida, de color azul cielo, unas orejas puntiagudas, y un pelo fucsia que le sobrepasaba la cintura.
Le miré a los ojos, y me quede alucinada. Nunca había visto uno ojos así. Eran, negros. Completamente negros, sin pupila, sin lo blanco que las personas tenemos. Eran unos ojos sin luz, sin vida, sin expresión. Me recorrió un escalofrío por todo el cuerpo.
En cuando me cobró, salí corriendo. Me sorprendió mi reacción.
-Ey Annie, ¡espérame! – gritó Layla, que venia corriendo hacia mí.
-Lo… lo siento, es que aquella mujer, por así llamarla, era tan… siniestra…
-Veras, es que son una mezcla entre ninfas de la oscuridad y brujas, llamadas Nymph-Wrachs. Pero no te preocupes, son realmente inofensivas.
 -Bueno… si tú lo dices. - le respondí. No estaba tan segura de ello.
-Cambiemos de tema. Veamos, ahora solo nos queda un bolso y unos zapatos negros a juego.- me dijo.
-Bolso ya tengo en casa…
-De acuerdo, venga, vamos a por los zapatos. Sé una tienda que venden unos preciosos.
-Vale.- dije no muy convencida. No tenía muchas ganas de encontrarme con otra Nymph o como se llame.
Pasé del tema, haciendo caso a lo que me dijo Layla sobre que eran inofensivas.
Me compré unos zapatos con taconazo, negros y azules. Muy bonitos.
Cenamos allí, y después nos fuimos a casa.
Llegué muy emocionada, y le enseñé a mi madre el vestido y los zapatos. Le encantaron.
Me fui a la cama, y me dormí, soñando con el apasionante sábado que me esperaba.
Me desperté sobre la 1:00 del mediodía. Estaba muy nerviosa. Había quedado con Layla a las 8 de la tarde en la puerta de la discoteca, ya que su madre no podía venir a buscarme.
-Ohh dios, dios ¡dios! Ya son las 7:15, y todavía tengo que maquillarme.- grité alterada.
-Annie, relájate cariño, todavía tienes 15 minutos, además, tampoco tienes porque ir perfecta…- dijo mi madre para tranquilizarme.
-¡Si que tengo que ir perfecta!- le respondí.
Me fui corriendo al baño, y comencé a maquillarme. Me eché unos pocos polvos, para tapar unos granitos que tenia, después me hice la raya del ojo, y me eché rimel.
-¡PERFECTA! –grité mirándome al espejo. Layla tenia razón, el vestido me quedaba perfecto. Debía admitirlo, ¡oí estaba guapísima!
-Mamá me marcho.- le dije mientras cogía mi móvil y lo metía en el bolso.
-Vale. Pásalo bien. ¡Y no llegues tarde!
-Que no mamá. Me lo has dicho ya cincuenta veces. Venga, adiós.
Y cerré la puerta a mi espalda.
Las 7:45, ya eran las 7:45 y todavía tenia que coger el autobús, que estaba en la otra punta del pueblo.
-Relájate Annie. No pasa nada porque llegues 5 minutos tarde.- dije para tranquilizarme. Pero no podía, estaba muy nerviosa. Quería llegar cuanto antes.
Comencé a andar hacia la parada del autobús, ya había anochecido y había muy poca gente en la calle.
Me dirigí hacia un callejón, que llevaba directo hacía la parada. Estaba oscuro, muy oscuro, y derepente, escuché pasos detrás mío.
Me giré, con la intención descubrir que era lo que provocaba aquellos ruidos, pero no vi nada ni a nadie.
Me quede inmóvil a escuchar, durante 5 segundos. Cesaron. Los pasos cesaron. Comencé a andar, y otra vez los escuché, cada vez mas cerca.
Tenía la intención de echar a correr, justo cuando alguien me agarró del brazo.
-Por fin tenemos a la chica. – exclamó un hombre en voz alta.

Capitulo 13

Viernes. Ya es viernes. Al fin llegó el tan esperado fin de semana.
Layla y yo nos hicimos muy amigas durante estos 5 días. Me caía genial. Siempre estaba dispuesta a ayudarme en todo. Era una chica encantadora.
Como todos los días, mi madre me llevó en su precioso coche azul al colegio, y como no, allí estaba ella, esperándome, tan sonriente como siempre.
-¡Layla! – grité mientras echaba a correr hacia donde se encontraba ella.
-Annie guapa.- dijo mientras me abrazaba.- ¿que tal te encuentras?- me preguntó, ya que durante la semana había estado un poco depre…
- Pues mucho mejor. Además, ¡es viernes tía!
-Lo sé, y de eso te quería hablar.- dijo poniendo cara de diversión.- veras, estuve pensando y… ¿Qué te parece si nos vamos de ligoteo el sábado? Ya sabes… a una discoteca de por aquí… que es muy famosa, y está repleta de chicos guapos.- dijo alegremente.
-¡Claro! Y arrasaremos.- dije animadamente.- Además, seguro que va tu Jack, y como no, aprovecharas al máximo…
-Me has pillado…- dijo con una sonrisa pícara.- el sábado cae, ya veras!
- Haber si es verdad. Además, estoy segura de que le gustas, se le nota en la mirada…
-Ojala…- respondió ella, y nos echamos a reír.
- ¿Te puedo hacer una pregunta?- le dije.
-¡Claro!
-Ehhh…pues veras…tu crees, que… el chico este del parque…
-¿Ira a la disco?- dijo terminando la frase por mi.
-Si…
-Pues no lo sé, pero puede. Es una discoteca muy famosa y está llena de jóvenes. Además, la esperanza es lo ultimo que se pierde.- dijo guiñándome un ojo.
-Si… ¡tienes razón!- dije animadamente.
En cuanto terminé mi frase, sonó el timbre que indicaba que teníamos que entrar a clase.
Llegó la hora del recreo y Layla me preguntó haber que me pondría para ir de fiesta. En ese momento, caí en la cuenta de que… ¡no tenia nada!
-Tranquila, no te preocupes oí mismo nos vamos de compras, y te ayudo a elegir un vestido.- me dijo.
-Gracias.- respondí alegremente.
-Ya veras, ¡vas a ir preciosa! Se van a quedar todos boquiabiertos. – me dijo con una de sus enormes sonrisas.
- Eso es imposible…
-¡Pero que dices! Con lo guapa que eres. – dijo alegremente, y las dos nos echamos a reír. No se como lo hace, pero hasta en los peores momentos, consigue sacarme una sonrisa.
Se me pasaron las clases volando, la emoción por el fin de semana que me esperaba, supongo.
-Hola mama.- dije entrando en el coche.- veras, he quedado con Layla para ir de compras, ya que mañana, nos vamos de fiesta…
-¿Qué te vas de fiesta?
-Si mamá…
-¿No crees que eres un poco pequeña?
-¡Pero mama, por favor, que tengo 15 años! –respondí un poco molesta. Odiaba que me trataran como a una niña pequeña.
-Bueno…
-Porfa. Además, saliendo, es una forma de conocer gente nueva, y de acostumbrarme a esto. Por favooor – le dije poniendo cara de suplica.
-Bueno… está bien…- accedió. – ¡pero a las 3:00 te quiero en casa!
-Claro mamá. Eres la mejor madre del mundo. ¿Lo sabias no?- le dije haciéndole la pelota.
-Bueno bueno, no te pases.
Llegamos a casa, y estuve viendo la tele hasta que Layla me vino a recoger sobre las 4:30, ya que vivía en un pueblo a 1 kilómetro del mío.
-¡Ya voy!- le grité desde la ventana.
Salí corriendo de casa cogiendo mi móvil y el dinero.
Me junté con ella y nos dirigimos hacia la parada del autobús, que nos llevaría directas hacia el centro comercial de Wasserfall.
Tardamos 6 minutos en llegar, nos bajamos del autobús y nos dirigimos hacia la entrada.
En cuanto entramos, pude ver, que no era como todos los centros comerciales, bueno, la verdad, aquí en Mandilia todo era diferente…
-Annie, ¿porque te detienes?- me preguntó Layla sacándome del trance.
-Ehh… no, por nada. Lo siento. Simplemente me había quedado pensando en que esto es completamente diferente a los centros comerciales de Nueva York.
-Ya, pero no me negaras, ¡que es precioso!
Le sonreí. Tenía toda la razón del mundo. Era enorme, y estaba todo completamente iluminado con luces de colores que alegraban la vista. Estaba lleno de gente que andaba de aquí para ya, con sus bolsas de la compra. Bueno, si se les podía llamar gente, ya que normales, no eran.
Pude observar como una familia de duendes, muy graciosos, pasaba al lado nuestro. Nos saludaron con una enorme sonrisa, a la vez que nos decían que pasáramos un agradable día.
“Que amables resultan ser estos Mandilianos” pensé alegremente.
-¡Mira! ¡Este vestido es precioso!- grito Layla interrumpiendo mis pensamientos.
-No grites…- le dije
-bueno… lo siento. Pero es que me he emocionado. ¡Míralo, es perfecto para ti!- dijo señalando un precioso vestido azul colocado en uno de los maniquís de la tienda.
-Si, la verdad es que es muy bonito. Pero no sé, no me convence. Yo nunca he ido con uno de estos y… no se…
-Annie, es perfecto. Confía en mí. ¡Con esto arrasaras! Si el chico del que tanto hablas, va a la discoteca… en cuanto te vea, ¡caerá rendido a tus pies!
-Pfff... no exageres.
-¿Qué no? ¡Anda ya! Te aviso, ¡yo no me marcho de aquí sin que tú te hayas comprado este vestido!
-Bueno… esta bien. Me has convencido.- dije por fin.

Capitulo 12, equivocación

-Y esto es todo por hoy chicos. Podéis empezar a recoger. Nos veremos mañana a esta misma hora.- dijo el profesor mientras comenzaba a recoger sus cosas.
-¡Por fin!- grité ilusionada.
-Se ve que tiene ganas de salir señorita Annie. Parece ser que no le gustó mi clase, ya que se encontraba bastante despistada…- me dijo el profesor.
-Veras… ehh… lo siento… es que tengo muchas cosas en la cabeza y…
-No sé preocupe, se que es su primer día, y que no está muy acostumbrada a todo esto.- me respondió él sonriendo.
-Gracias… es usted muy comprensivo.- le respondí sonriendo. Que profesor tan amable.
Bueno… por fin había llegado el tan esperado momento, por fin conocería al chico que tanto deseaba conocer…
-Oye Annie, ¿en que pensabas? Te he estado hablando, y no me has hecho caso.- me dijo Layla poniendo cara de enfado.
-Lo siento… pero es que estoy tan emocionada con eso de que voy a conocer a Michael…
-Ay pillina. Venga ven anda, que lo prometido es deuda.- me dijo Layla con una enorme sonrisa.
Nos dirigimos hacia el gimnasio. A medida que llegábamos mi corazón comenzaba a latir más y más rápido. Estaba demasiado nerviosa. Temía que no me saliera ni una sola palabra y quedara en ridículo delante de aquel chico tan perfecto…
-¡Ya hemos llegado!- gritó ansiosamente Layla sacándome por completo de mis pensamientos.
- ¡Hala! ¡Que gimnasio tan grande! – respondí alucinada. Nunca había imaginado que el gimnasio de este colegio sería tan grande.
-Ya ves. Venga ven aquí.- dijo mientras se acercaba a la puerta.- vamos a ver si ha salido ya.
Entramos dentro del gimnasio y Layla echo a correr hacia una chica pelirroja. Corrí tras ella.
-Oye Vicky, ¿sabes si Michael sigue aquí?
-Pues si mira, ¿ves a ese que está hay de espaldas?- dijo mientras señalaba a un chico de pelo largo y oscuro que se encontraba apoyado en una de las columnas del gimnasio.- hay está Michael.
-Vale guapa. Muchas gracias.- dijo mientras se despedía de ella. Yo le sonreí.
-De nada. - respondió ésta mientras nos la devolvía.
-Vamos Annie ven.
-De…de acuerdo.- conseguí pronunciar.
Comenzamos a acercarnos hacia él. Mi corazón iba a tanta velocidad, que pensaba que se me saldría del pecho. Intenté relajarme, pero no hubo manera. Los nervios se apoderaban de mí.
-¡Ey Michael!- le saludó Layla. Vi como éste se daba la vuelta. En cuanto lo hizo, yo me quede atónita. Pude ver su pelo oscuro y rizado, sus pómulos bien marcados, y su tez morena. Busqué sus ojos, que muy rápidamente se encontraron con los míos y… ¡nada! No sucedió nada. No sentí nada de nada. Aquellos ojos no eran con los que yo tenía intención de encontrarme.
-Ehhh Layla.- le dije susurrando.- veras es que…
-¿Que sucede Annie? – me preguntó ella. – ¿no le vas a decir nada a Michael?
-Ehh… si. Hola Michael.- dije dirigiéndome a él para parecer amable.- yo soy Annie.
-Hola Annie, encantado. -Dijo dándome dos besos.
-Bueno, que nos tenemos que ir. Ya hablaremos en otro momento.- le dije mientras agarraba a Layla del brazo y me la llevaba hacia la salida del gimnasio.
-¿Que te ocurre tía? ¡Con las ganas que tenias de conocerle!- me preguntó perpleja.
-Lo sé. Pero veras. Lo que te quería decir es que… ¡ese no es Michael!
-¿Qué? ¡Claro que es Michael!
-Bueno si… si lo es, ¡pero no es el Michael que yo tenia intención de conocer! Quiero decir… el chico que vi en el parque… ¡no es este!- dije con gran desilusión.
-¿No? Joder Annie, pues ya lo siento. Yo creía que sin duda, sería Michael…
-Pues resulta que no…-dije de mala gana. Sentía un enorme vacío dentro de mí.
-Pues lo siento, el chico del que tú hablas… no estudia aquí.
Me quedé inmóvil, sin decir ni una sola palabra. Me sentía mal, muy mal. Hace un momento estaba contentísima, y ahora, toda esa felicidad se había esfumado sin dejar rastro.
-Tranquila. Ya buscaremos alguna manera de encontrarlo.- dijo queriendo animarme. Pero no dio resultado.
-Muchas gracias…- dije al fin, para no parecer desagradable. Layla no tenia culpa de nada. Ella hizo todo lo que pudo.
El día pasó muy rápido. A la salida se encontraba mi madre esperándome con su reluciente coche azul. Me despedí de Layla con dos besos y me monté en él.
Llegamos a casa, y mi madre me preguntó por mi primer día de clase. Le conté que me había ido genial. Que había echo una nueva amiga que era majísima y que había aprendido a levantar objetos, utilizando el poder de una de las perlas, pero que todavía no lo dominaba muy bien. Procuré saltarme la parte en la que conocí al equivocado Michael y todo eso. No me apetecía darle a mi madre ninguna explicación sobre aquel tema. Además, me resultaba un poco embarazoso hablar con ella sobre temas amorosos.
La tarde se me pasó volando. Hice los deberes de sociales y estuve ensayando un poco lo de levantar objetos, pero no sirvió de mucho. Era demasiado torpe, ¡no me salía nada bien! Comencé a pensar que este mundo no estaba hecho realmente para mí… pero seguidamente, borré aquel pensamiento de mi mente.
A las 11:00 me acosté. Estaba bastante cansada, pero a pesar de eso, no pude dormir. No dejaba de pensar en si volvería a ver a aquel chico del parque del que desconocía absolutamente todo. Estaba muy angustiada.
También pasó por mi mente Layla.
Veamos, yo era hada guardiana, y por esa razón me encontraba en aquel colegio. Jack era un vampiro, y él también se encontraba por esa razón al igual que Jessy, que era bruja… pero, ¿Layla? ¿Que ser fantástico, por así decirlo, era Layla? De alguna manera, debía averiguarlo, ya que aquello causaba un gran interés dentro de mí.

Capitulo 11

-Haced de la página 15, los ejercicios 1,2 y 3 para mañana. ¡Y traed un mapa!- dijo el profesor de sociales. ¡Por fin! Por fin se acabó esta clase. Estaba aburridísima. Además, ¿a quien le importa si fue o no importante  el proceso de Independización para el indígena de la época? Porque a mi, ¡la verdad es que no!
Ahora solo quedaba una clase, aprender ha hacer pociones usando la química o no sé qué.
Me junté de nuevo con Layla, y pusimos marcha hacia el laboratorio.
Me quede boquiabierta cuando vi a la persona que se encontraba en la puerta.
Un chico alto, musculoso, de pelo largo, de tez muy pálida y con unos ojos realmente oscuros. Muy atractivo.
-Jajaj.- se rió Layla al darse cuenta de mi expresión – este es Jack, el vampiro tío bueno del instituto.
-El típico chulo que sale con la pija…
-Pues no, esta vez no es así. Jessy va tras él, pero él pasa completamente de ella. Además, Jack es tan… encantador. Es muy responsable y esta siempre dispuesto a ayudar…
-Te gusta.- le corté
-¿Que? No…- me respondió tímidamente.
-Si…- le dije sonriendo.
-De acuerdo, no te puedo mentir, ¡es tan guaaaapo!
-Jajaj. Si tienes toda la razón del mundo. ¡Es un monumento! Además, tiene unos ojos tan llamativos…- le respondí.
-¡Pero es mío ehh!
-Claro, ¡todo tuyo! – Le respondí.- yo quiero al chico del parque…
-¿Que chico?
Mierda, lo he dicho en voz alta.
-No nada…
-Vamos Annie, confía en mí. ¡Que yo te he contado quien me gusta!
-Bueno vale… pues veras, hace dos semanas vi en el parque a un chico que me llamó mucho la atención…
-¿En el portal para venir a Mandilia?
-Si… lo veía siempre. Una vez, cuando iba hacia mi casa, el se encontraba en el parque, y a mí, se me cayeron las llaves. Él me las devolvió.- le sonreí.- fue el único momento en el que hablé con él, y ni siquiera pude preguntarle por su nombre.- respondí tristemente.
-Tranquila, lo volverás a ver. Además, tal vez esté en esta escuela. Ya que si lo viste en el parque, algún poder tiene, y normalmente, la gente de Mandilia suele venir aquí a estudiar.- me dijo, mientras veía como mi expresión de tristeza cambiaba totalmente mostrando una amplia sonrisa.- veamos… ¿como es? Físicamente y eso…
-Pues… tiene el pelo largo, rizado-ondulado, y castaño. Tiene unos ojos muy misteriosos. Es alto y…
-¡Michael! Tú te refieres a Michael, el tipo este que es un as de la ciencia…- me cortó.
-¿As de la ciencia?– Le respondí extrañada.- ¿estás segura?
-¡Si! ¡Segurísima! y la verdad, es que no esta nada mal.
Sonreí
-Ahora mismo tiene gimnasia, pero cuando sea la hora del recreo, te lo presento.- me dijo mientras me guiñaba su precioso ojo marrón.
-¡De acuerdo! -Le respondí ilusionada. Entramos en el laboratorio, que era enorme. Habían unas 10 filas de mesas y a los alrededores estaba lleno de tubos de ensayo, vasos de precipitados, matraces Erlenmeyer… etc. Las típicas cosas de un laboratorio de química.
-Esto es muy grande.- le dije susurrando a Layla.
-Si lo sé. Ven, vamos a sentarnos en esta mesa de aquí.
-Claro, detrás de tu Jack.- le dije con una sonrisa pícara.
-Chsss. Que te va a oír.- me dijo, y nos echamos las dos a reír.
-Haber chicos. Vamos a comenzar con la clase. Oí aprenderemos como aplicar…..- empezó a explicar el profesor. Pero yo ya no le escuchaba. Solo tenía en la cabeza que dentro de unos 40 minutos, conocería por fin a aquel chico! Había deseado tanto que llegara este momento. Estaba un poco nerviosa, pero muy ilusionada.

Capitulo 10, primer día de clase

Domingo, 11 de septiembre. Mañana comenzaré las clases y la verdad, estoy bastante nerviosa, ya que esto es nuevo para mi, y no se como me tratará la gente de aquí.
Me acosté sobre las 10, ya que quería ir descansada el primer día de colegio.
-Pipipi, pipipi. – ohh ¡maldito despertador! Dije en voz alta. Lo apagué, y empecé a vestirme. Me puse mis pitillos vaqueros claritos, una sudadera rosa, ya que hacia un poco de frío, y unas victoria rosas a juego.
Me peiné rápidamente, y bajé a desayunar.
-¡Mamá el desayuno!
-Ya voy cariño.- me respondió ella.- Toma aquí tienes, te he preparado tortitas.
-¡Gracias! – le respondí mientras me las comía. Estaban buenísimas.
-¿Has preparado ya la mochila que te compré?
-¿Qué? ¿Tengo que llevar mochila? ¿Para que?
-Para guardar los libros cariño.- me respondió ella.
-Pero, yo pensaba que no necesitaría libros, ya que solo me iban a enseñar a usar mis poderes…
-Cariño, aparte de eso, también darás matemáticas, lenguaje, ingles… ya sabes, lo principal.- me cortó.
-Pero yo creí que eso no haría falta…
- No te vas a librar de esas asignaturas tan pronto, todavía eres joven, y necesitas aprender.
-Vale…- dije entre regañadientes. Balla rollo. Yo que pensaba que iba a ser todo diferente, y resulta que voy a tener que dar las asignaturas que más odio. Pensé enfadada.
-Bueno, pues me voy a preparar la mochila.
-Los libros están en el cajón de tu habitación. ¡Date prisa, o llegaras tarde!
-De acuerdo…
Eché a correr hacia mi cuarto, y preparé la mochila en dos minutos.
Mire mi reloj, las 8:15.
-¡Ohhh! – Exclamé.- ¡voy a llegar tarde!
Bajé las escaleras hasta la puerta de la calle, y salí. Allí estaba mi madre, con un coche azul cielo, que hacia juego con sus ojos, esperando para llevarme a Wasserfall.
-¡Vamos Annie! Móntate.
Abrí la puerta del coche, y me monté.
Tardamos unos 10 minutos en llegar. Me dejó en la puerta del colegio, y se marchó dándome un beso en la mejilla.
-Adiós mamá. ¡Te quiero!
-Bueno, ya estoy aquí.- dije en voz alta. Estaba muy nerviosa.
Me aproxime a la puerta de la entrada y alguien me tocó por la espalda.
-¡Hola! – me dijo una chica de pelo castaño.
-Hola- le respondí.
-¿Tu eres Annie? – me preguntó.
-Si… pero… ¿Cómo lo sabes?
-Nos informaron que vendría una chica nueva, el hada guardiana, para ser exactos. En cuanto te vi, supe que eras tú. – Me respondió.- yo me llamo Layla.- me dijo sonriendo mientras me daba dos besos.
-Encantada Layla.- Estaba muy contenta, mi primer día de colegio, y ya tenía una amiga, que encima, era encantadora.
-Bueno, ¿bienes con migo? He mirado el horario, y en la mayoría de las clases, estamos juntas.
-De acuerdo. – le respondí con una amplia sonrisa.
-Venga que te enseño el sitio.
Entramos a dentro y, ¡era enorme! Menos mal que estaba ella para guiarme, sino, me perdería.
-Anda, mira a quien tenemos aquí.- dijo una chica rubia que se acercaba hacia nosotras.- ¿Tu eres la famosa Annie?
-Ehhh, si…
-Valla, te esperaba mas… no sé… más espectacular. Y encima, vas y te juntas con esta cateta.
-¿Qué dices? Ella no es ninguna cateta.- le respondí furiosa. ¿De que iba esa tía?
-mira Jessy, haz el favor de dejarnos tranquilas, y no te metas donde no te llaman. - le respondió Layla.
Cogimos, y nos largamos de allí, dejándole con la palabra en la boca.
-¿Quién era esa?- le pregunté.
-Jessy. Es la típica niña pija y consentida que lo tiene todo. Se cree la mejor, simplemente por ser una de las brujas más poderosa del colegio.
-que estúpida...- le respondí.- veo que por mucho que esto sea un colegio para gente especial, las costumbres típicas no cambian.
-Pues no. Parece ser que es una norma que en todos los colegios haya una persona como Jessy. Pero bueno, tú a ella ni caso, y listo.
-Vale.
Seguimos caminando por el pasillo, y llegamos a las taquillas. Unas taquillas verdes, y muy grandes.
-Mira, esta de aquí es tu taquilla.- me dijo señalando la numero 136.- y esta de aquí, la numero 138, es la mía.
-Vale.
-Toma, me lo dio el director, es la combinación para poder abrirla.
-Gracias.- le dije mientras la miraba. Abrí la taquilla, y guarde mis cosas.- enserio, gracias por todo lo que estas haciendo.
-Tranquila hombre, no es nada. Además, sabia que seriamos muy buenas amigas.- me dijo sonriendo.
Le devolví la sonrisa, y nos fuimos a la clase de sociales.

Pink Moustache