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martes, 16 de noviembre de 2010

Capitulo 13

Viernes. Ya es viernes. Al fin llegó el tan esperado fin de semana.
Layla y yo nos hicimos muy amigas durante estos 5 días. Me caía genial. Siempre estaba dispuesta a ayudarme en todo. Era una chica encantadora.
Como todos los días, mi madre me llevó en su precioso coche azul al colegio, y como no, allí estaba ella, esperándome, tan sonriente como siempre.
-¡Layla! – grité mientras echaba a correr hacia donde se encontraba ella.
-Annie guapa.- dijo mientras me abrazaba.- ¿que tal te encuentras?- me preguntó, ya que durante la semana había estado un poco depre…
- Pues mucho mejor. Además, ¡es viernes tía!
-Lo sé, y de eso te quería hablar.- dijo poniendo cara de diversión.- veras, estuve pensando y… ¿Qué te parece si nos vamos de ligoteo el sábado? Ya sabes… a una discoteca de por aquí… que es muy famosa, y está repleta de chicos guapos.- dijo alegremente.
-¡Claro! Y arrasaremos.- dije animadamente.- Además, seguro que va tu Jack, y como no, aprovecharas al máximo…
-Me has pillado…- dijo con una sonrisa pícara.- el sábado cae, ya veras!
- Haber si es verdad. Además, estoy segura de que le gustas, se le nota en la mirada…
-Ojala…- respondió ella, y nos echamos a reír.
- ¿Te puedo hacer una pregunta?- le dije.
-¡Claro!
-Ehhh…pues veras…tu crees, que… el chico este del parque…
-¿Ira a la disco?- dijo terminando la frase por mi.
-Si…
-Pues no lo sé, pero puede. Es una discoteca muy famosa y está llena de jóvenes. Además, la esperanza es lo ultimo que se pierde.- dijo guiñándome un ojo.
-Si… ¡tienes razón!- dije animadamente.
En cuanto terminé mi frase, sonó el timbre que indicaba que teníamos que entrar a clase.
Llegó la hora del recreo y Layla me preguntó haber que me pondría para ir de fiesta. En ese momento, caí en la cuenta de que… ¡no tenia nada!
-Tranquila, no te preocupes oí mismo nos vamos de compras, y te ayudo a elegir un vestido.- me dijo.
-Gracias.- respondí alegremente.
-Ya veras, ¡vas a ir preciosa! Se van a quedar todos boquiabiertos. – me dijo con una de sus enormes sonrisas.
- Eso es imposible…
-¡Pero que dices! Con lo guapa que eres. – dijo alegremente, y las dos nos echamos a reír. No se como lo hace, pero hasta en los peores momentos, consigue sacarme una sonrisa.
Se me pasaron las clases volando, la emoción por el fin de semana que me esperaba, supongo.
-Hola mama.- dije entrando en el coche.- veras, he quedado con Layla para ir de compras, ya que mañana, nos vamos de fiesta…
-¿Qué te vas de fiesta?
-Si mamá…
-¿No crees que eres un poco pequeña?
-¡Pero mama, por favor, que tengo 15 años! –respondí un poco molesta. Odiaba que me trataran como a una niña pequeña.
-Bueno…
-Porfa. Además, saliendo, es una forma de conocer gente nueva, y de acostumbrarme a esto. Por favooor – le dije poniendo cara de suplica.
-Bueno… está bien…- accedió. – ¡pero a las 3:00 te quiero en casa!
-Claro mamá. Eres la mejor madre del mundo. ¿Lo sabias no?- le dije haciéndole la pelota.
-Bueno bueno, no te pases.
Llegamos a casa, y estuve viendo la tele hasta que Layla me vino a recoger sobre las 4:30, ya que vivía en un pueblo a 1 kilómetro del mío.
-¡Ya voy!- le grité desde la ventana.
Salí corriendo de casa cogiendo mi móvil y el dinero.
Me junté con ella y nos dirigimos hacia la parada del autobús, que nos llevaría directas hacia el centro comercial de Wasserfall.
Tardamos 6 minutos en llegar, nos bajamos del autobús y nos dirigimos hacia la entrada.
En cuanto entramos, pude ver, que no era como todos los centros comerciales, bueno, la verdad, aquí en Mandilia todo era diferente…
-Annie, ¿porque te detienes?- me preguntó Layla sacándome del trance.
-Ehh… no, por nada. Lo siento. Simplemente me había quedado pensando en que esto es completamente diferente a los centros comerciales de Nueva York.
-Ya, pero no me negaras, ¡que es precioso!
Le sonreí. Tenía toda la razón del mundo. Era enorme, y estaba todo completamente iluminado con luces de colores que alegraban la vista. Estaba lleno de gente que andaba de aquí para ya, con sus bolsas de la compra. Bueno, si se les podía llamar gente, ya que normales, no eran.
Pude observar como una familia de duendes, muy graciosos, pasaba al lado nuestro. Nos saludaron con una enorme sonrisa, a la vez que nos decían que pasáramos un agradable día.
“Que amables resultan ser estos Mandilianos” pensé alegremente.
-¡Mira! ¡Este vestido es precioso!- grito Layla interrumpiendo mis pensamientos.
-No grites…- le dije
-bueno… lo siento. Pero es que me he emocionado. ¡Míralo, es perfecto para ti!- dijo señalando un precioso vestido azul colocado en uno de los maniquís de la tienda.
-Si, la verdad es que es muy bonito. Pero no sé, no me convence. Yo nunca he ido con uno de estos y… no se…
-Annie, es perfecto. Confía en mí. ¡Con esto arrasaras! Si el chico del que tanto hablas, va a la discoteca… en cuanto te vea, ¡caerá rendido a tus pies!
-Pfff... no exageres.
-¿Qué no? ¡Anda ya! Te aviso, ¡yo no me marcho de aquí sin que tú te hayas comprado este vestido!
-Bueno… esta bien. Me has convencido.- dije por fin.

Capitulo 12, equivocación

-Y esto es todo por hoy chicos. Podéis empezar a recoger. Nos veremos mañana a esta misma hora.- dijo el profesor mientras comenzaba a recoger sus cosas.
-¡Por fin!- grité ilusionada.
-Se ve que tiene ganas de salir señorita Annie. Parece ser que no le gustó mi clase, ya que se encontraba bastante despistada…- me dijo el profesor.
-Veras… ehh… lo siento… es que tengo muchas cosas en la cabeza y…
-No sé preocupe, se que es su primer día, y que no está muy acostumbrada a todo esto.- me respondió él sonriendo.
-Gracias… es usted muy comprensivo.- le respondí sonriendo. Que profesor tan amable.
Bueno… por fin había llegado el tan esperado momento, por fin conocería al chico que tanto deseaba conocer…
-Oye Annie, ¿en que pensabas? Te he estado hablando, y no me has hecho caso.- me dijo Layla poniendo cara de enfado.
-Lo siento… pero es que estoy tan emocionada con eso de que voy a conocer a Michael…
-Ay pillina. Venga ven anda, que lo prometido es deuda.- me dijo Layla con una enorme sonrisa.
Nos dirigimos hacia el gimnasio. A medida que llegábamos mi corazón comenzaba a latir más y más rápido. Estaba demasiado nerviosa. Temía que no me saliera ni una sola palabra y quedara en ridículo delante de aquel chico tan perfecto…
-¡Ya hemos llegado!- gritó ansiosamente Layla sacándome por completo de mis pensamientos.
- ¡Hala! ¡Que gimnasio tan grande! – respondí alucinada. Nunca había imaginado que el gimnasio de este colegio sería tan grande.
-Ya ves. Venga ven aquí.- dijo mientras se acercaba a la puerta.- vamos a ver si ha salido ya.
Entramos dentro del gimnasio y Layla echo a correr hacia una chica pelirroja. Corrí tras ella.
-Oye Vicky, ¿sabes si Michael sigue aquí?
-Pues si mira, ¿ves a ese que está hay de espaldas?- dijo mientras señalaba a un chico de pelo largo y oscuro que se encontraba apoyado en una de las columnas del gimnasio.- hay está Michael.
-Vale guapa. Muchas gracias.- dijo mientras se despedía de ella. Yo le sonreí.
-De nada. - respondió ésta mientras nos la devolvía.
-Vamos Annie ven.
-De…de acuerdo.- conseguí pronunciar.
Comenzamos a acercarnos hacia él. Mi corazón iba a tanta velocidad, que pensaba que se me saldría del pecho. Intenté relajarme, pero no hubo manera. Los nervios se apoderaban de mí.
-¡Ey Michael!- le saludó Layla. Vi como éste se daba la vuelta. En cuanto lo hizo, yo me quede atónita. Pude ver su pelo oscuro y rizado, sus pómulos bien marcados, y su tez morena. Busqué sus ojos, que muy rápidamente se encontraron con los míos y… ¡nada! No sucedió nada. No sentí nada de nada. Aquellos ojos no eran con los que yo tenía intención de encontrarme.
-Ehhh Layla.- le dije susurrando.- veras es que…
-¿Que sucede Annie? – me preguntó ella. – ¿no le vas a decir nada a Michael?
-Ehh… si. Hola Michael.- dije dirigiéndome a él para parecer amable.- yo soy Annie.
-Hola Annie, encantado. -Dijo dándome dos besos.
-Bueno, que nos tenemos que ir. Ya hablaremos en otro momento.- le dije mientras agarraba a Layla del brazo y me la llevaba hacia la salida del gimnasio.
-¿Que te ocurre tía? ¡Con las ganas que tenias de conocerle!- me preguntó perpleja.
-Lo sé. Pero veras. Lo que te quería decir es que… ¡ese no es Michael!
-¿Qué? ¡Claro que es Michael!
-Bueno si… si lo es, ¡pero no es el Michael que yo tenia intención de conocer! Quiero decir… el chico que vi en el parque… ¡no es este!- dije con gran desilusión.
-¿No? Joder Annie, pues ya lo siento. Yo creía que sin duda, sería Michael…
-Pues resulta que no…-dije de mala gana. Sentía un enorme vacío dentro de mí.
-Pues lo siento, el chico del que tú hablas… no estudia aquí.
Me quedé inmóvil, sin decir ni una sola palabra. Me sentía mal, muy mal. Hace un momento estaba contentísima, y ahora, toda esa felicidad se había esfumado sin dejar rastro.
-Tranquila. Ya buscaremos alguna manera de encontrarlo.- dijo queriendo animarme. Pero no dio resultado.
-Muchas gracias…- dije al fin, para no parecer desagradable. Layla no tenia culpa de nada. Ella hizo todo lo que pudo.
El día pasó muy rápido. A la salida se encontraba mi madre esperándome con su reluciente coche azul. Me despedí de Layla con dos besos y me monté en él.
Llegamos a casa, y mi madre me preguntó por mi primer día de clase. Le conté que me había ido genial. Que había echo una nueva amiga que era majísima y que había aprendido a levantar objetos, utilizando el poder de una de las perlas, pero que todavía no lo dominaba muy bien. Procuré saltarme la parte en la que conocí al equivocado Michael y todo eso. No me apetecía darle a mi madre ninguna explicación sobre aquel tema. Además, me resultaba un poco embarazoso hablar con ella sobre temas amorosos.
La tarde se me pasó volando. Hice los deberes de sociales y estuve ensayando un poco lo de levantar objetos, pero no sirvió de mucho. Era demasiado torpe, ¡no me salía nada bien! Comencé a pensar que este mundo no estaba hecho realmente para mí… pero seguidamente, borré aquel pensamiento de mi mente.
A las 11:00 me acosté. Estaba bastante cansada, pero a pesar de eso, no pude dormir. No dejaba de pensar en si volvería a ver a aquel chico del parque del que desconocía absolutamente todo. Estaba muy angustiada.
También pasó por mi mente Layla.
Veamos, yo era hada guardiana, y por esa razón me encontraba en aquel colegio. Jack era un vampiro, y él también se encontraba por esa razón al igual que Jessy, que era bruja… pero, ¿Layla? ¿Que ser fantástico, por así decirlo, era Layla? De alguna manera, debía averiguarlo, ya que aquello causaba un gran interés dentro de mí.

Capitulo 11

-Haced de la página 15, los ejercicios 1,2 y 3 para mañana. ¡Y traed un mapa!- dijo el profesor de sociales. ¡Por fin! Por fin se acabó esta clase. Estaba aburridísima. Además, ¿a quien le importa si fue o no importante  el proceso de Independización para el indígena de la época? Porque a mi, ¡la verdad es que no!
Ahora solo quedaba una clase, aprender ha hacer pociones usando la química o no sé qué.
Me junté de nuevo con Layla, y pusimos marcha hacia el laboratorio.
Me quede boquiabierta cuando vi a la persona que se encontraba en la puerta.
Un chico alto, musculoso, de pelo largo, de tez muy pálida y con unos ojos realmente oscuros. Muy atractivo.
-Jajaj.- se rió Layla al darse cuenta de mi expresión – este es Jack, el vampiro tío bueno del instituto.
-El típico chulo que sale con la pija…
-Pues no, esta vez no es así. Jessy va tras él, pero él pasa completamente de ella. Además, Jack es tan… encantador. Es muy responsable y esta siempre dispuesto a ayudar…
-Te gusta.- le corté
-¿Que? No…- me respondió tímidamente.
-Si…- le dije sonriendo.
-De acuerdo, no te puedo mentir, ¡es tan guaaaapo!
-Jajaj. Si tienes toda la razón del mundo. ¡Es un monumento! Además, tiene unos ojos tan llamativos…- le respondí.
-¡Pero es mío ehh!
-Claro, ¡todo tuyo! – Le respondí.- yo quiero al chico del parque…
-¿Que chico?
Mierda, lo he dicho en voz alta.
-No nada…
-Vamos Annie, confía en mí. ¡Que yo te he contado quien me gusta!
-Bueno vale… pues veras, hace dos semanas vi en el parque a un chico que me llamó mucho la atención…
-¿En el portal para venir a Mandilia?
-Si… lo veía siempre. Una vez, cuando iba hacia mi casa, el se encontraba en el parque, y a mí, se me cayeron las llaves. Él me las devolvió.- le sonreí.- fue el único momento en el que hablé con él, y ni siquiera pude preguntarle por su nombre.- respondí tristemente.
-Tranquila, lo volverás a ver. Además, tal vez esté en esta escuela. Ya que si lo viste en el parque, algún poder tiene, y normalmente, la gente de Mandilia suele venir aquí a estudiar.- me dijo, mientras veía como mi expresión de tristeza cambiaba totalmente mostrando una amplia sonrisa.- veamos… ¿como es? Físicamente y eso…
-Pues… tiene el pelo largo, rizado-ondulado, y castaño. Tiene unos ojos muy misteriosos. Es alto y…
-¡Michael! Tú te refieres a Michael, el tipo este que es un as de la ciencia…- me cortó.
-¿As de la ciencia?– Le respondí extrañada.- ¿estás segura?
-¡Si! ¡Segurísima! y la verdad, es que no esta nada mal.
Sonreí
-Ahora mismo tiene gimnasia, pero cuando sea la hora del recreo, te lo presento.- me dijo mientras me guiñaba su precioso ojo marrón.
-¡De acuerdo! -Le respondí ilusionada. Entramos en el laboratorio, que era enorme. Habían unas 10 filas de mesas y a los alrededores estaba lleno de tubos de ensayo, vasos de precipitados, matraces Erlenmeyer… etc. Las típicas cosas de un laboratorio de química.
-Esto es muy grande.- le dije susurrando a Layla.
-Si lo sé. Ven, vamos a sentarnos en esta mesa de aquí.
-Claro, detrás de tu Jack.- le dije con una sonrisa pícara.
-Chsss. Que te va a oír.- me dijo, y nos echamos las dos a reír.
-Haber chicos. Vamos a comenzar con la clase. Oí aprenderemos como aplicar…..- empezó a explicar el profesor. Pero yo ya no le escuchaba. Solo tenía en la cabeza que dentro de unos 40 minutos, conocería por fin a aquel chico! Había deseado tanto que llegara este momento. Estaba un poco nerviosa, pero muy ilusionada.

Capitulo 10, primer día de clase

Domingo, 11 de septiembre. Mañana comenzaré las clases y la verdad, estoy bastante nerviosa, ya que esto es nuevo para mi, y no se como me tratará la gente de aquí.
Me acosté sobre las 10, ya que quería ir descansada el primer día de colegio.
-Pipipi, pipipi. – ohh ¡maldito despertador! Dije en voz alta. Lo apagué, y empecé a vestirme. Me puse mis pitillos vaqueros claritos, una sudadera rosa, ya que hacia un poco de frío, y unas victoria rosas a juego.
Me peiné rápidamente, y bajé a desayunar.
-¡Mamá el desayuno!
-Ya voy cariño.- me respondió ella.- Toma aquí tienes, te he preparado tortitas.
-¡Gracias! – le respondí mientras me las comía. Estaban buenísimas.
-¿Has preparado ya la mochila que te compré?
-¿Qué? ¿Tengo que llevar mochila? ¿Para que?
-Para guardar los libros cariño.- me respondió ella.
-Pero, yo pensaba que no necesitaría libros, ya que solo me iban a enseñar a usar mis poderes…
-Cariño, aparte de eso, también darás matemáticas, lenguaje, ingles… ya sabes, lo principal.- me cortó.
-Pero yo creí que eso no haría falta…
- No te vas a librar de esas asignaturas tan pronto, todavía eres joven, y necesitas aprender.
-Vale…- dije entre regañadientes. Balla rollo. Yo que pensaba que iba a ser todo diferente, y resulta que voy a tener que dar las asignaturas que más odio. Pensé enfadada.
-Bueno, pues me voy a preparar la mochila.
-Los libros están en el cajón de tu habitación. ¡Date prisa, o llegaras tarde!
-De acuerdo…
Eché a correr hacia mi cuarto, y preparé la mochila en dos minutos.
Mire mi reloj, las 8:15.
-¡Ohhh! – Exclamé.- ¡voy a llegar tarde!
Bajé las escaleras hasta la puerta de la calle, y salí. Allí estaba mi madre, con un coche azul cielo, que hacia juego con sus ojos, esperando para llevarme a Wasserfall.
-¡Vamos Annie! Móntate.
Abrí la puerta del coche, y me monté.
Tardamos unos 10 minutos en llegar. Me dejó en la puerta del colegio, y se marchó dándome un beso en la mejilla.
-Adiós mamá. ¡Te quiero!
-Bueno, ya estoy aquí.- dije en voz alta. Estaba muy nerviosa.
Me aproxime a la puerta de la entrada y alguien me tocó por la espalda.
-¡Hola! – me dijo una chica de pelo castaño.
-Hola- le respondí.
-¿Tu eres Annie? – me preguntó.
-Si… pero… ¿Cómo lo sabes?
-Nos informaron que vendría una chica nueva, el hada guardiana, para ser exactos. En cuanto te vi, supe que eras tú. – Me respondió.- yo me llamo Layla.- me dijo sonriendo mientras me daba dos besos.
-Encantada Layla.- Estaba muy contenta, mi primer día de colegio, y ya tenía una amiga, que encima, era encantadora.
-Bueno, ¿bienes con migo? He mirado el horario, y en la mayoría de las clases, estamos juntas.
-De acuerdo. – le respondí con una amplia sonrisa.
-Venga que te enseño el sitio.
Entramos a dentro y, ¡era enorme! Menos mal que estaba ella para guiarme, sino, me perdería.
-Anda, mira a quien tenemos aquí.- dijo una chica rubia que se acercaba hacia nosotras.- ¿Tu eres la famosa Annie?
-Ehhh, si…
-Valla, te esperaba mas… no sé… más espectacular. Y encima, vas y te juntas con esta cateta.
-¿Qué dices? Ella no es ninguna cateta.- le respondí furiosa. ¿De que iba esa tía?
-mira Jessy, haz el favor de dejarnos tranquilas, y no te metas donde no te llaman. - le respondió Layla.
Cogimos, y nos largamos de allí, dejándole con la palabra en la boca.
-¿Quién era esa?- le pregunté.
-Jessy. Es la típica niña pija y consentida que lo tiene todo. Se cree la mejor, simplemente por ser una de las brujas más poderosa del colegio.
-que estúpida...- le respondí.- veo que por mucho que esto sea un colegio para gente especial, las costumbres típicas no cambian.
-Pues no. Parece ser que es una norma que en todos los colegios haya una persona como Jessy. Pero bueno, tú a ella ni caso, y listo.
-Vale.
Seguimos caminando por el pasillo, y llegamos a las taquillas. Unas taquillas verdes, y muy grandes.
-Mira, esta de aquí es tu taquilla.- me dijo señalando la numero 136.- y esta de aquí, la numero 138, es la mía.
-Vale.
-Toma, me lo dio el director, es la combinación para poder abrirla.
-Gracias.- le dije mientras la miraba. Abrí la taquilla, y guarde mis cosas.- enserio, gracias por todo lo que estas haciendo.
-Tranquila hombre, no es nada. Además, sabia que seriamos muy buenas amigas.- me dijo sonriendo.
Le devolví la sonrisa, y nos fuimos a la clase de sociales.

Capitulo 9

Me subí a lomos de él, y comenzó a galopar a la velocidad del rayo.
Traspasamos el parque y llegamos a un bosque.
Lo atravesamos sin problema, ya que Athos se sabía el camino perfectamente. A medida que lo cruzábamos pude contemplar un pequeño pueblecito. Era como una pequeña aldea. Rodeada de árboles frutales, sobre los cuales se podían vislumbrar pequeñas ardillas saltando de unos a otros.
Según llegamos, Athos aminoró el paso. Comenzó a andar lentamente,  y se dirigió hacia una pequeña casita de piedra. Se paró frente a ella, y relinchó, dándome a entender que habíamos llegado.
Me bajé y lo acaricié.
-muchas gracias.-le dije sonriendo.- a sí que, esta es la casa de mi madre.- dije en voz alta mientras la observaba.
Era bastante grande, algo que no me lo esperaba, ya que mi madre vivía sola.
Era muy bonita. Tenía un jardín en el que se encontraba una fuente de la cual no dejaba de derramar agua.
Un sendero sinuoso flanqueado de piedras de colores conducía hasta la puerta principal.
Enganché las riendas de Athos en un poste cercano y me acerqué a la valla para tocar el timbre.
-¿Quién es?- dijo una mujer de voz muy fina.
-Ma…ma…mamá ¿eres tú?
-¿Quien habla?
-Soy Annie…tu hija…
-Annie, Annie cariño…- dijo tras abrirme la puerta.
Empujé hacia dentro y me acerqué a la casa por el caminito que llevaba hacia ella.
Vi que en la puerta se encontraba una mujer de unos 35 años más o menos. Stephanie, esa era Stephanie, mi madre.
Completamente diferente a mí. Rubia, tez pálida y ojos azules. Muy guapa.
-¡Mamá!- le grité mientras echaba a correr para abrazarla.- mamá te he echado tanto de menos durante todos estos años.- dije entre sollozos.
-Yo también cariño, no sabes lo que me dolió tener que abandonarte.- dijo. La miré y pude ver como una pequeña lágrima asomó por su ojo azul cielo y recorrió la mejilla, hasta desparecer.
Le abracé todavía más fuerte.
-Papá y la abuelita te abran cuidado bien ¿no? ¡Que si no se enteran!-dijo mientra me guiñaba un ojo.
-Claro que si mamá.- y nos echamos a reír.
-Venga hija pasa, que tenemos que hablar.
-De acuerdo.
Entramos a la casa y pude observar que por dentro era bastante común, pero bonita. Un pequeño pasillo, llevaba hacia la sala de estar. Esta era enorme, y decorada con muebles de madera que le daban un toque rustico y moderno al mismo tiempo. Muy acogedor, pensé.
Nos sentamos en el sofá y mi madre me sirvió pastas para comer. Deliciosas, por cierto.
-Bueno hija, entonces, ¿que es lo que te han contado Fran y Margarethe?
-Pues, me contaron que hace muchos años, tú venciste a lord William, enviándolo a no se donde…
-Si, le envíe al lugar Sin Nombre.- me cortó
-¿Qué? ¿A dónde? Papá y la abuela no me contaron eso…
-Veras, es un sitio espeluznante. El lugar que le pertenece a el, ya que a echo cosas horribles. Yo cumplí con mi deber, pero él consiguió escapar.
-Si. Lo sé. Eso ya me lo han dicho. Mamá, yo lo que quiero saber es, ¿Qué tengo que hacer yo?
-Veras hija, nosotras, hadas guardianas de Mandilia, podemos obtener un enorme poder, y ese poder se obtienen através de las perlas de la naturaleza.
-¿Perlas de la naturaleza?
-Si. Espera aquí, vengo en un momento.- vi que se levantó y comenzó a subir las escaleras. Al de dos minutos, la pude ver bajando por ellas.
-Toma hija, esto te pertenece.- me dijo mientras me daba una pequeña cajita verde.
-¿Qué es?- le pregunté extrañada.
-Ábrelo.- me dijo. Lo hice y para mi sorpresa, me encontré con un reluciente collar dentro de ella. Era precioso. De color rosa y con forma de corazón. En el centro de este se encontraba dibujado otro más pequeño, formado por 8 puntos morados. Excepto dos de ellos, los dos primeros, que eran de colores diferentes.
-Ohh mamá, es precioso.-dije ilusionada.- pero, ¿porque estos primeros puntos de aquí son diferentes?- le pregunte mientras le señalaba el colgante.
-Pues veras, para poder vencer a lord William, como ya te dije antes, hay que obtener las perlas de la naturaleza. Cada perla tiene un poder especial. Yo las conseguí, y uniendo sus poderes pude vencerle. Después, devolví las perlas a la naturaleza, excepto dos de ellas, que las conservé en el colgante para cuando tu lo obtuvieras. Estas perlas de aquí contienen el poder del aire y el de la tierra.
Debes volver a recuperar las 6 perlas restantes. Cada vez que aparezca una nueva, el colgante comenzará a brillar para avisarte.
Debes andar con mucho cuidado, ya que lord William hará lo posible por robártelo y hacerse con el poder de las perlas.- me dijo en tono serio.
-De acuerdo.- le respondí. La verdad que tenía bastante miedo.
-Ah espera, casi se me olvidaba. Esto también es para ti.- dijo mientras me daba una especie de papel.- es el mapa de mandilia, él cual te indicará en que zona se encuentra cada perla.
-Pero mamá, ¡yo no puedo hacer todo esto sola! ¡Ni siquiera se como utilizar mis poderes!
-Tranquila Annie, no te preocupes. Veras, no lo harás sola, tendrás a alguien que te ayudará. Será una persona muy poderosa, al igual que tú, y juntos lograreis vencer a lord William. No te puedo decir quien es, porque no lo sé, pero en cuanto veas a esa persona, la reconocerás.-me respondió. ¡Anda! Tal vez, aquel chico del parque…
De ahí mi reacción al verle. La conexión que me impulsa hacia él. Pensé ilusionada.- y el tema de tus poderes, no te preocupes, aprenderás a utilizar parte de ellos en la escuela de Wasserfall.
La otra parte la iras aprendiendo con el tiempo por tu cuenta.
-De acuerdo.- le respondí. ¿De verdad tenia que hacer todo esto? Madre mía, que locura, pensé.
-Por cierto, ya te he inscrito en ella. Comenzaras las clases el lunes.

Capitulo 8

Nos sentamos en el sofá.
-Veréis, he decidido haceros caso. No estoy muy convencida, la verdad, ya que todo lo que habéis dicho es muy difícil de creer, pero voy a hacer un esfuerzo.
-Cariño. Muchas gracias, estamos muy orgullosos.- dijo mi padre muy entusiasmado.
-Siento la forma con la que os traté en el hospital, enserio.- me volví a disculpar.
-Tranquila Annie, eso ya a pasado. Además, yo también me pondría como tú.- me dijo mi abuela.
-Sabemos lo difícil que ha sido para ti despedirte de tus amigas.-dijo mi padre.
-Ya…-dije un poco triste.- por cierto papá, ¿como sabes tú sobre aquel chico que vi en el parque?
-pues verás, tu madre nos lo contó. Ella te vio a través de un conjuro que hizo.
-ahh… vale.-respondí tímidamente. Decidí no darle más importancia a ese tema, a si que, lo deje de lado. -bueno, entonces… ¿Qué tengo que hacer ahora?
-visitar a tú madre.- respondió mi abuela.
-pero, ¿Cómo? No sé como se va allí, y ni siquiera sé donde está el portal.
-tranquila. Ahora vengo- dijo mi abuela mientras se levantaba y se dirigía hacia su cuarto.
Volvió al de dos minutos y con ella traía un papel doblado.
-toma Annie, esto es un mapa de Nueva York. Te indica en que zona se abre un portal.
-de acuerdo.-respondí cogiendo el mapa.- y una vez de estar en Mandilia, ¿Cómo llego a donde se encuentra mamá?
-no te preocupes.-respondió mi padre.-cuando atravieses el portal, silba con todas tus fuerzas.
-¿silbar? ¿Para que? - respondí extrañada.
-veras, cuando se marchó tu madre, compró un caballo, al que lo llamó Athos. Lo domó y lo enseñó. Decidió que cuando cumplieras tus 15 años y cuando supieras toda la verdad, te lo regalaría. Ahora te pertenece. Siempre que silbes, acudirá a ti. El te llevará a donde desees. Solo tienes que decírselo.
-¿de verdad que tengo un caballo?- respondí ilusionada. – ¡yo siempre quise tener uno!
-pues ya lo tienes.- me respondió él, sonriendo.
-genial.
-Annie. Otra cosa.- dijo mi abuela.- te quedarás allí a vivir. Con tu madre.
-¿Qué? Pero, no puedo. ¿Y vosotros? ¿Por qué no venís?
-veras Annie, nosotros somos personas normales, no tenemos poder alguno. No podemos entrar en Mandilia.
-pero… yo no quiero separarme de vosotros.
-tranquila, podrás venir a visitarnos siempre que quieras. Solo tienes que cruzar el portal.
-de acuerdo.-respondí un poco triste. Me apenaba la idea de abandonarlos.
-pero ¿mis cosas?
-ya nos hemos ocupado de eso. Toda tu ropa está ya en la habitación de la casa de tu madre.
-a vale. Y, no iré a la escuela ¿no?
-claro que vas a ir. Pero no aquí. Iras a la escuela de Wasserfall.
-¿Wasserfall?
-si. Es una ciudad que se encuentra a dos kilómetros de kingdalia, pueblo donde vive tu madre.- Respondió mi abuela.
-en la escuela aprenderás a usar parte de tus poderes, ya que la otra parte, la obtendrás de otra forma. Eso te lo explicará tu madre.
-y… ¿habrá mas gente como yo allí?
-no… como tú no. Ya te dijimos que solo hay un hada guardiana cada milenio. Pero sí habrá gente especial. Sirenas, vampiros, magos etc.
-a de acuerdo. –dije. Genial. Yo iba a ser la única diferente allí. Habrá grupos de sirenas, de vampiros… y yo iba a estar completamente sola. Ojala alguien me acepte en su grupo… pensé tristemente.
-cariño…-dijo mi padre.- ten mucho cuidado. No sabemos quien puede estar buscándote para atraparte. Lord William ha podido enviar a más secuaces suyos. Por favor, ten mucho cuidado.
-de…de acuerdo.- dije un poco asustada.
-pues ya está. Ya lo sabes todo. Es momento de que te pongas en marcha.
-vale. – les di un abrazó y un beso a cada uno, cogí el mapa y mi móvil, y me marché.
Salí del portal y me senté en unas escaleras que había cerca. Contemplé el mapa y al de 5 minutos una luz azul comenzó a brillar. “debe ser un portal” pensé. Se encontraba en Brooklyn, a 7 minutos andando de donde me encontraba.
Empecé a caminar, y efectivamente, allí estaba el parque.
Entré y miré a los alrededores, con la esperanza de ver al chico, pero no fue así, el no estaba.
El parque se encontraba completamente vacío.
Hice caso a lo que me dijo mi padre y silbé con todas mis fuerzas. A lo lejos escuche el galope de un caballo.
Lo vi aproximándose hacia mí. Un caballo esbelto, negro y de crines largas. Precioso. Nunca había visto un caballo como aquel. Su pelo negro relucía bajo los rallos de sol.
Se detuvo delante de mí, relinchando.
-hola Athos. -le dije mientras lo acariciaba.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Capitulo 7

¿Qué me estaba pasando? ¿Por qué a mí? ¡Mi padre y mi abuela, los dos estaban locos!
Tardé unos veinte minutos en llegar a casa, ya que no me sabía el camino y tuve que preguntar por la dirección.
Me encontraba a dos manzanas de mi casa, y entonces, volví a ver el parque. Aquel parque de árboles con flores rosas y negras, el que mi abuela y mi padre decían que era un portal.
Sentado en un banco se encontraba un joven. Él. El chico misterioso.
Levantó la cabeza, y me miró. Sus brillantes ojos se clavaron en mí provocando que mi corazón se desbocara, y empezara a latir a la velocidad de una locomotora.
¿Y si mi padre tenía razón? ¿Me estaría empezando a gustar aquel desconocido?
Sin pensármelo, eché a correr, quería llegar  a mi casa y encerrarme en mi cuarto.
Necesitaba olvidarme por un instante de todas las locuras que me habían pasado.
Llegué al portal de casa, y cuando tenia la intención de abrir la puerta para poder entrar…
-¡Oh, oh! - Dije. – mis llaves, no están. Se me han debido de caer cuando eché a correr. ¡Joder! Todo me tiene que pasar a mí.-dije de mala gana.
Me di la vuelta, y empecé a caminar, buscando mis llaves por todos los lugares por donde había pasado.
Llegué al parque, sin haberlas encontrado. Decidí entrar.
Tal vez el viento las hubiera arrastrara asta dentro, aunque era muy poco probable.
Otra vez aquella sensación extraña. Y sí, la gente había vuelto a desaparecer.
No le encontraba solución lógica alguna, salvo la de mi abuela: es un portal que lleva a Mandilia. Algo completamente difícil de creer.
Empecé a buscar mis llaves por los alrededores, y de repente alguien me toco por la espalda.
-¿esto es tuyo?- me preguntó. En la mano sostenía mis llaves
-s…si.- conseguí pronunciar. Era él. Mi corazón volvía a latir a mil por hora. Intenté tranquilizarme, pero no hubo manera.
-se te cayeron cuando echaste a correr. – dijo mientras me las daba.
-gracias- le respondí tímidamente, con una pequeña sonrisa, la cual, me la devolvió.
A pesar de que la sonrisa fuera pequeña, era perfecta. Nunca había visto nada parecido.
-oye…co… ¿como te llamas?- conseguí preguntarle.
Silencio. El ya no estaba, se había marchado, había estado tan profundamente metida en mis pensamientos, que ni me había dado cuanta.
Que rabia, pensé. La próxima vez que lo vea, procurare no quedarme tan atontada.
-si es que lo vuelves a ver Annie.- me dije a mi misma en voz alta, tristemente.
¡Si! Si que lo volveré a ver. Tengo que volver a verle, sea como sea.
Había una conexión cada vez que le veía, algo que me impulsaba hacia él. Era tan perfecto. Supongo, que me estaba empezando a gustar.
Llegué a casa y entré en mi habitación. La casa estaba vacía, todavía no habían llegado.
Me tumbé en mi cama y empecé a pensar en todo lo que me había sucedido hasta ahora.
¿Y si era verdad? ¿Y si el mundo dependiera de mí?
-No, no, eso no puede ser. Yo no soy más que una simple chica corriente.- me dije a mi misma.
Pero entonces… ¿que explicación tiene todo lo que me sucedió? La sensación extraña del parque, como la gente desaparecía cuando yo entraba en él, aquel chico, la conexión que me impulsaba hacia él, aquel Levinn o como se llame que me había atacado…
Tal vez tuvieran algo de razón, aunque fuera solo un poquito.
Recordé la forma con la que me hablaban en el hospital. Parecían muy preocupados.
Me siento como una estúpida. Tal vez decían la verdad, y yo solo me había comportado como una cría. Pero es que… ¡es todo tan difícil de creer!
-Ding dong.- se escuchó. El timbre.
Fui a abrir. Eran mi padre y mi abuela. Sabían que había vuelto a casa.
-hola papá, hola abuela- les dije sintiéndome un poco culpable por como les había tratado.
-Hola Annie.-dijeron los dos.
-Veréis… siento como os traté en el hospital…
-tranquila, nos lo esperábamos.- respondió papá. Sabemos que es difícil de creer, y tal vez, te lo teníamos que haber contado antes de mudarnos…
-si, en eso estoy de acuerdo.- le respondí.
-pero Annie, tu crees, ¿Qué nos hubieras creído? Si te  hubiéramos dicho que nos mudábamos por esa razón, no hubieras querido venir de ningún modo.
-bueno… si… tienes razón.
-siento haberte mentido.-respondió el mientras me daba un abrazo.
Se lo devolví, y después les miré a los dos, muy seriamente.
-veréis, papá, abuela, he tomado una decisión.
Pink Moustache